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7,8

Guerra tenebrosa

21 jun 2013

Parece que en el cine español ya se ha creado un subgénero, y además de calidad, al que podemos suscribir esta "Insensibles": Guerra Civil con niños, alrededor de los que gira la trama o que influyen de modo determinante en ella, al estilo de "El Espinazo del Diablo", "El Laberinto del Fauno" o "Pan Negro".
"Insensibles" tiene 3 defectos que alejarán al espectador de la taquilla:
1- Película española.
Es bien sabido que tan solo esta peculiaridad aleja las películas del espectador medio español.
2- Guerra Civil y aledaños.
Al contrario que las películas de los USA de la guerra del Vietnam, de la Guerra Civil de USA, o de las que ya hay unas cuantas, de las ambientadas en los últimos conflictos por oriente, que suelen batir records de afluencia en los cines patrios, las que acontecen en nuestra guerra 1936-1939 tienen la virtud de ser veneno para la taquilla.
3- Distribución y explotación en los cines.
Relacionado directamente con el punto 1. Creo que la película lleva sólo 2 semanas en cartel y prácticamente ya ha desaparecido de los cines (y si yo hablo de los de Madrid, que es desde donde escribo, qué será en las salas de Pontevedra, Albacete o Logroño).
Y dicho esto, para mí las taras más importantes que tiene la película, vamos con las virtudes.
Insensibles es una película negra, cada vez más negra según avanza la trama, sórdida, incómoda, de las que cuando acaban te hacen salir de la sala deseando que te de un poco el sol.
Cuenta dos historias que el montaje va entrelazando, una ambientada en la preguerra, guerra y posguerra, y que por si sola ya justificaría la película, y una segunda que se desarrolla en la actualidad, y donde el personaje del cirujano traumatizado por un accidente va investigando sus orígenes.
En la primera está el interés estético y la trama fantástica de la película. A partir de una primera escena magistral en donde dos niñas y una hoguera protagonizan uno de los arranques cinematográficos más fascinantes y sobrecogedores que he visto en mucho tiempo, y que ya nos marca el tono de todo lo que va a acontecer después, la película se adentra en una atmósfera cada vez más opresiva y sórdida. La trama, con la Guerra Civil como fondo, mezcla milicianos cabrones con doctores huidos del exterminio nazi, soldadesca pérfida y fascista, sanatorios solitarios y siniestros con celdas de tortura, criaturas monstruosas y niños inocentemente espeluznantes, en un argumento que podría haber sido adaptado del guión de un soberbio comic tenebroso o que podría inspirarlo perfectamente. Juega con tópicos mil veces vistos en películas de guerra, de hospitales inquietantes o de niños infernales, pero muy bien conjugados.
Cuenta con alguna simbología demasiado obvia: el que la futura bestia se llame precisamente Benigno en su primera etapa de niño indefenso no deja de ser un recurso demasiado facilón, pero quizás no le venga mal a algún espectador de cortas miras.
La segunda historia, la del cirujano en busca de sus orígenes primero, y del de sus padres después, es más convencional. Está fotografiada con colores fríos, en consonancia con el estado de ánimo del protagonista, y a mi parecer no mantiene la fuerza narrativa de la primera (bastante difícil era sostener ese tono en una historia más normal). Cuando la película pasa de una historia a otra, el ritmo suele decaer con las andanzas de Alex Brendemühl.
El final, donde confluyen las dos narraciones, tiene altura. El fuego de la escena del prólogo vuelve a aparecer en este epílogo, esta vez como fuerza purificadora y de redención.
Las bestias, inducidas y creadas a la fuerza, como este Berkano sobrecogedor, pueden sentir amor, aunque sea del modo oscuro y lógrego que aquí nos muestran.
Yo recomiendo esta película, y no tardad mucho en verla que le deben quedar días escasos en cartel, pero que nadie crea que va a pasar un buen rato, al contrario. Esta película te hace sentir oprimido e incómodo en la butaca, y este es su principal mérito.

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