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6,3

Mamporros a mansalva

01 jul 2013

Johnny Knoxville y los suyos regresan en una superior sucesión de guantazos y animaladas potenciada por la limpidez de la tecnología tridimensional. Espectadores sensibles al dolor ajeno y la insistencia escatológica, abstenerse.

Pocas cosas hay en este mundo tan graciosas como ver a otro ser humano pegarse un buen mamporro. Por aquí lo sabemos bien ?los "Vídeos de primera" de Alfonso Arús o el castellanizadísimo "Humor amarillo" de Takeshi Kitano son poco menos que hitos de nuestra historia catódica?, así que, ¿qué podíamos esperar de la industria del entretenimiento americana, cuyo sentido del espectáculo ?y del ridículo, no lo neguemos? prácticamente no conoce límites? La respuesta a esta pregunta se regodea y multiplica en su propia esencia más descerebrada con "Jackass 3D", que ya lleva acumulados en Estados Unidos casi noventa millones de dólares, más de cuatro veces su presupuesto, estimado en unos nada exiguos veinte millones. A disfrutar con las nuevas andanzas de este grupo salvaje, en una aventura épico-catastrófica que emana incluso un cierto halo de nostalgia. Y es que ya no son unos niños...

«Mear contra el viento. Esa es la historia de Jackass». Vuelven Johnny Knoxville, Steve-O, Bam Margera, Wee Man, Dave England y demás, a las órdenes de Jeff Tremaine y Spike Jonze, dispuestos a darlo todo en una superior sucesión de guantazos y torturas varias que, en muchas ocasiones, supera los límites de lo razonable y traspasa el mero arrojo físico para ahondar en los límites de la locura por amor al show business. Y es que sin poder considerar esta propuesta como una película ni como un documental ?ni en estructura, ni en planteamiento, ni en prácticamente ningún tipo de recurso narrativo más allá del ímpetu de los protagonistas?, hemos de atenernos a una valoración basada, sencillamente, en su coraje y originalidad. Y aquí, esta celebración de la animalización del ser humano funciona perfectamente, porque estos chicos se juegan el tipo y lo hacen de maneras tan espontáneamente retorcidas que a veces resultan difíciles de creer.

El conjunto trota de principio a fin ?los créditos iniciales y el epílogo son fantásticos? impulsado por un afán de superación constante en un aluvión irresistible de secuencias y proezas que no desvelaremos aquí, porque hay que ver para creer. La utilización de la cámara súper lenta eleva visualmente algunos pasajes en su sublimación de los límites físicos de la cuadrilla central, arropada constantemente por una ráfaga de energía común de la que participan algunas estrellas deportivas yanquis o el siempre dispuesto a hacer el ganso Seann William Scott. Igualmente estupendo es el uso de la tecnología tridimensional ?más válida aquí que en otros productos de ficción?, que aporta una extraordinaria limpidez y profundidad a un bombardeo visual ya de por sí colorido y pizpireto; eso sí, obligado es el aviso para los espectadores más sensibles en lo tocante al sufrimiento genital ajeno y la escatología en general, porque ambos abundan, con especial incidencia del segundo. Caca-culo-pedo-pis, sí; jaja-jiji zafio y verdulero, desde luego. Pero funciona, y valida otra capacidad intrínseca a cualquier individuo: la de la complicidad voyeurista ilimitada.

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