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ÚLTIMA HORA En marcha la secuela de 'Joker'
2,5

Peor que la teletienda

30 mar 2018

Durante los años 90, el neoyorkino David O. Russell se postulaba como un realizador más de tantos sin personalidad propia a destacar. Nada parecía indicar que 'Spanking the Monkey' o 'Flirteando con el desastre' serían el inicio de una carrera prometedora. Su tercera película, 'Tres Reyes', una sátira sobre la guerra que se reía del conflicto en el Golfo, posicionaba al realizador como uno a tener en cuenta gracias al sentido autocrítico que dibujaba de la nación estadounidense. Empezaba así una suerte de marca propia de O. Russell: la de convertirse en retratista (a su manera) de parte de la historia americana.

Tuvo que pasar una década para que llegase 'The Fighter', la que es, hasta la fecha, su mejor película (y seguramente, con la que David O. Russell haya tocado techo). La cinta arrasó en cuanto a nominaciones y recogida de premios para sus dos intérpretes, algo que el director utilizaría como principal baza en sus siguientes producciones. Lo de suplir cierto talento rodeándose de estrellas es algo que se ha venido practicando en Hollywood desde siempre, no culparemos a O. Russell por ello, pero tal y como sucedía en 'La gran estafa americana' o 'Accidental Love', lo que ahora nos cuenta en 'Joy' carece del interés que nos ha querido hacer creer.

Si bien el hecho de repetir con Jennifer Lawrence, actriz convertida en epítome de lo que son las modas en la Meca del Cine, parece funcionar al director, cabe recordar que el único ejemplo positivo de la relación O. Russell?Lawrence ha sido 'El lado bueno de las cosas', enésima deconstrucción de la comedia romántica que, si bien no era un insulto al espectador, tampoco es la obra maestra que muchos nos han querido hacer creer (por no hablar de ese Oscar que Lawrence se llevó por delante de la grandiosa Jessica Chastain, pero ese es ya otro tema). 'La gran estafa americana' hacía honor a su nombre: una estafa, una tomadura de pelo en toda regla. Y esta tercera colaboración con la protagonista de la saga de "Los Juegos del Hambre" va en el mismo camino.

En algún momento, al bueno de David se le ocurrió que llevar a la pantalla la anodina vida de una ama de casa que patentó una fregona que no necesitaba escurrirse, sería interesante. Primer error garrafal. Joy Mangano fue, a su manera, una revolucionaria. Consiguió lo que se proponía a base de empeño y constancia, sacando adelante a toda una familia, la cual podemos apostar a que no sería, ni lo más mínimo, tan ecléctica a la que se nos presenta en 'Joy'. Y es que el principal punto a favor de la novena película de O. Russell es el plantel de secundarios que presenta. Aunque sea a golpe de cliché (la madre adicta a las telenovelas, el padre gañán, el ex marido gorrón, la hermanastra insoportable), cabe hacer hincapié en que es gracias a las situaciones tragicómicas derivadas de la relación entre la protagonista con sus allegados, que el film puede hacerse algo llevadero (con eso, y con mucha paciencia).

Brillante es, aunque su brillo no sea más que un pequeño destello de luz que sirve de adorno para el conjunto, la sátira telenovelesca a la que Virgia Madsen está enganchada, protagonizada por dos viejas glorias de la televisión norteamericana, Laura Wright (con más de 1000 capítulos a sus espaldas de "General Hospital") y Susan Lucci (la matriarca de "Todos mis hijos", que aguantó 41 años de emisión). El siguiente punto que parece llevar 'Joy' a derroteros mejores es el momento en que se nos presentan las bambalinas de la teletienda, universo esencial para la historia de la televisión norteamericana, pero que resulta tan fugaz que acaba sabiendo a nada.

El resto sigue en la línea de los productos mediocres de David O. Russell: Jennifer Lawrence haciendo creer al espectador que es la actriz definitiva (podríamos hablar de su nula expresión facial), Bradley Cooper con un papel porque "es una peli de O. Russell y tiene que salir su nombre con letras grandes en el póster" (siendo Edgar Ramírez más protagonista que él, incluso me atrevo a decir que lo supera en dotes interpretativas) y Robert De Niro más perdido que nunca (y ya van unas cuantas así). Suerte que podemos volver a disfrutar de una enorme Isabella Rossellini. Lástima que la broma dure dos horas que, a un servidor, se le hicieron interminables.

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'Joy': La constancia del esfuerzo
Crítica Ecartelera
6,0