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4,1

Hollywood mató al talento

24 nov 2008

Los antiguos decían que "más sabe un necesitado que 100 abogados". Algo así es lo que he sentido al ver este "remake" amplificado, tuneado y saturado de esteroides y testosterona de aquella mítica, cutre y bizarra película de 1975, producida por el incombustible Roger Corman -que ahora figura como coproductor ejecutivo- y dirigida por Paul Bartel "Carrera de muerte del año 2000", donde un David Carradine retaba nada más y nada menos que a Sylvester Stallone en una competición que luego originaría videojuegos gore como "Carmageddon" -en los que atropellar a gente daba puntos para conseguir ganar una carrera-. Todo un logro social para controlar el exceso de demografía: si uno atropellaba a una embarazada, doble puntuación. Ahora se ha reciclado el engendro (porque no lo neguemos y aunque la hayamos disfrutado en interminables tardes de palomitas con los amiguetes echando unas risas, era un engendro de mucho cuidado...) en una megafashion movie de acción, con superhéroe incluido -el Jason Statham que tanto admirábamos en "Snatch, cerdos y diamantes" casi convertido en una resurrección de Bruce Willis, chorreando anabolizantes). Ahora solo faltaba la música techno a toda leche, el diseño por infografía sacado de cualquier videojuego de carreras -desde "MegaRace" a cualquier otro, solo faltaba el presentador/a- y venga a dar chorreones de sangre, tiros, explosiones, aderezado con una prisión llena de hostilidad y estética macho-man, y una buena jamona que adornara el entuerto. Hala, ahí queda eso, listo para su uso y consumo. Claro que poco podíamos esperar de este prometedor director, que comenzó con películas tan estimulantes como "Horizonte Final" y que ha terminado dirigiendo productos de tan dudosa calidad como "Soldier", "Resident Evil" o "Aliens vs Predator". Integrado ya el rollito "Need for speed Underground" y "GTA", ahora ya cuesta diferenciar este tipo de películas de un videojuego. En su favor hay que reconocer que no busca engañar a nadie, y que da todo lo que promete. En su contra, que es demasiado obvia, demasiado predecible, demasiado ruidosa, innecesariamente tópica y aburridamente sangrienta. Pero allá tú, si lo que quieres son trompazos espectaculares, hombres malos malísimos compitiendo por sobrevivir y muchos tiros y sangre, no lo dudes, esta es tu película. La mia, desde luego no. Es una lástima, porque antes Corman con tres pesetas se inventaba una película que quizás fuera muy mala, pero que rebosaba imaginación -ay, como te echamos de menos, Ed Wood...-. Pero ahora con varios millones de dólares, lo que tenemos es que ese talento aguzado por la falta de presupuesto se convierte en algo macarra, chirriantemente de mal gusto, y sin imaginación ninguna. ¿El talento? Fue asesinado por las grandes producciones de Hollywood. Aquí tienes el ejemplo. Te propongo un ejercicio: que veas primero esta película, con todos sus efectos especiales y espectaculares persecuciones, y que luego veas la cutre de 1975. Seguro que te diviertes más con la antigua. Me apuesto lo que quieras.

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