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7,8

Una brillante quedada de Michael Haneke

26 feb 2010

El Sr. Haneke una vez más vuelve a desconcertarnos (brillantemente, como suele), aunque no tanto como en Funny Games y su genial (o ridícula) escena de la moviola. Aquí es el final lo que te deja con la sensación de que termina en ese punto porque no sabe resolver todos los interrogantes que plantea o porque simplemente le importa un pimiento resolverlos. Viendo la trayectoria de este hombre me inclino por lo segundo.
He leído por ahí que el argumento encierra una parábola sobre los regímenes totalitarios, que ese idílico pueblecito es un microcosmos precursor de todas las anormalidades sociales que llevaron al nazismo. Recuerdo que algo similar dijeron algunos críticos sesudos cuando allá en mi adolescencia se estrenaron Los Gremlins. Y seguro que seguramente alguna mente sagaz puede llegar a esa conclusión revisando los capítulos de Verano Azul. ¿Estas cosas quién las dice? ¿Los críticos se hacen eco de comentarios del mismo Haneke? ¿Los iluminados que elevan la película como canditata al mejor guión? Yo tengo la certeza de que lo que en realidad propone Haneke es la idoneidad de introducir coles de Bruselas en las peceras domésticas frente a las plantas acuáticas que venden en Ikea. Y que alguien me demuestre lo contrario con argumentos sólidos.
No creo que el que un señor tenga una amante a la que humilla y una hija adolescente de la que abusa, o que un cura postule que la masturbación lleva a la muerte (eso mismo se lo decían a mi padre en la escuela hace menos años que la época en la que acontece la película) sea premonitorio del advenimiento de ninguna guerra. Esas cosas pasan hoy todos los días. Haneke no ha tenido más que ver cualquier programa basura de nuestra tele para obtener ideas, y en cuanto a lo de la consecuencia letal de una docena de pajas no hay más que indagar un poco entre las doctrinas de los mormones o los Testigos de Jehová, que ultimamente proliferan como setas.
Dejando aparte (si es que es posible) este guión tan arrogantemente abierto, las casi dos horas y media de la película se siguen con interés, aunque no logra ni de lejos la perfección que para mí si consiguió en La Pianista. En una historia contada a ritmo lento van apareciendo sorpresas inquietantes, más o menos siniestras, que dejan claro ya desde la primera escena que en ese pueblo nadie es medianamente normal. Algo muy similar al Terciopelo Azul de David Lynch. Y en cuanto a todos los interrogantes que deja sin respuesta, creo que nunca se pretendió siquiera que el espectador los resolviera, de hecho hay algunas incongruencias, pero ¿tiene eso alguna importancia para mister Haneke?
La pelicula está fotografiada en blanco y negro, supongo que para ambientarla más en la época que narra. No es una buena fotografía. Salvo en contados planos es muy insulsa, muy lineal. A mi entender con ese blanco y negro podía haberse conseguido un ambiente más inquietante. Quizás no se pretendiera y simplemente se han querido contar unos hechos objetivos sin quererles dar ningún tipo de realce ni con la iluminación ni con la música. Si esa era la intención se ha conseguido plenamente. Eso sí, las interpretaciones son muy buenas. Los niños llegan a resultar verdaderamente inquietantes, y la ursulina novia del profesor está para que le den el Oscar por su personaje de puritana moza pueblerina.

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