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8,5

La familia feliz

13 nov 2010

Este título tan poco atrayente esconde una auténtica caja de bombones. Y todos envenenados.
¿Quién no conoce a alguien del que nos hemos preguntado muchas veces porqué no está en tratamiento psiquiátrico en vez de desarrollar una vida en un entorno normal desasosegando a todo el que tiene a su alrededor?
Esta película cuenta la historia de una familia compuesta en su totalidad por personajes de este tipo. Aquí salen madres sobreprotectoras, adolescentes sin futuro, adolescentes implacables, inmadureces sexuales galopantes, senilidades demenciadas, infancias destinadas a la psicopatía más dura. Y sin esconder nada, aquí no vale eso de que bajo una superficie modélica se oculta un interior de pesadilla a lo David Lynch y su Terciopelo Azul. Desde la primera escena ya vemos que a los protagonistas les ocurre algo, que sus comportamientos no son normales. Al poco ya somos conscientes de que nos estamos metiendo en las vidas de un grupo de desequilibrados, y no con las manías más o menos asumidas que podemos tener todos. En este caso los síndromes, las inmadureces, las frustraciones y los complejos que arrastran los miembros de esta familia son dignos de varias tesis doctorales en psiquiatría. Y lo más importante, no nos causa indiferencia, nos incomodan, nos hacen revolvernos en la butaca en más de una ocasión.
La historia va avanzando magistralmente siguiendo la cenagosa lógica de las mentes de los protagonistas. Y todo esto con el mérito de no mostrarnos en imágenes nada verdaderamente fuerte. El desasosiego se palpa con la acumulación de perros al fondo de la escena, con un primer plano de Geraldine Chaplin abriendo la boca, o con billetes de 100 euros saliendo patéticamente de la cartera de Eduard Fernández.
Es una película inquietante, lo que hará que a muchos no les guste o la consideren mala. Todo este maremagnum de taras mentales y personajes límite en manos de otro director hubiera resultado ridículo, y aquí se sostiene, apoyado en un guión estupendo sin altibajos y también por una interpretación obligatoriamente magnífica de todos y cada uno de los actores. Actores mediocres hubieran conducido esta película al abismo.
Curiosamente, el día que la vi el público de la sala se componía casi en su totalidad de grupitos de señoras setentonas. Me parece bien que las señoras mayores vayan al cine, pero no creo que esta película esté destinada a este tipo de espectadores. Quizá un título con más gancho hubiera atraído a gente más apropiada. Vamos, que no me imagino a todas estas señoras con su litro de laca en la permanente viendo el Happines de Todd Solondz o cualquiera de las de Haneke. A quien le haya gustado cualquiera de estas películas, que no se pierda La Mosquitera.

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