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Magnífica película, que hay que verla con mucha calma

13 feb 2010

Supongo que esta es una película difícil. Durante la proyección y al final de la misma se oía alguna risita prepotente de esas que quieren dejar bien claro que el reidor se siente estafado por haber tenido que pagar dinero en taquilla. Este señor/a saldrá diciendo que es una película muy lenta, que mucho de lo que acontece sucede fuera de plano, que la cámara encuadra una puerta abierta que no deja ver nada de lo que ocurre en la habitación a la que da acceso (estructura deudora de "La Soledad" de Jaime Rosales), y que gran parte de la ¿acción? consiste en ver a Carmen Machi maleta en mano, subiendo y bajando calles (ningún director había sacado antes un Madrid con tantas calles en pendiente).
Todo esto es verdad. Que esta película no la vaya a ver ningún amante de las de James Bond 007. Sin embargo ese ritmo tan pausado, calcado también del de "La Soledad" es lo que la hace tan especial. Refleja a la perfección la vacuidad y frustración (ni a solas puede terminar de masturbarse la protagonista) de la vida de una ama de casa vulgar, con un marido vulgar, una casa vulgar y con todo de todo vulgar. Y si que pasan cosas. Todo el episodio del fugado polaco (buenísimo el actor) y los encuentros surrealistas que tienen lugar en los alrededores de la estación de autobuses son cine en estado puro: los cinco segundos de la legión de ¿zombies? son tan absurdos que entran de lleno en la genialidad. Otra lección de buen cine: junto con el personaje de Carmen Maura en "La Ley del Deseo" de Almodóvar, creo que jamás en el reciente cine español se ha reflejado mejor el deseo sexual de una mujer, y en este caso de modo menos escandaloso y más cercano que en el de la película de Almodóvar. Sin parangón en este sentido todas las escenas del hotel entre la mujer y el polaco misterioso.
Una película aparentemente plana, pero que está llena de interrogantes que al director o al guionista le importan un bledo resolver: ¿de dónde sale el dinero del polaco?, ¿por qué el marido no se pone en contacto con la protagonista en toda la noche?, ¿cómo ha terminado llevando esa vida una señora que saber tocar el piano?...
Esto no me parece un defecto, al contrario, va creando una historia y una atmósfera alrededor de la protagonista.
Si no le doy el sobresaliente es por la frase final con la que acaba la película. Eso si que me ha parecido un recurso bastante barato, pasado de moda y que desmerece por completo del resto del guión. Lo de terminar el metraje con Carmen Machi justo a punto de enunciar la pregunta que se supone que es la clave de la historia, de la vida de su personaje, de la del marido y quizás del porvenir de la humanidad entera, y dejar al espectador con las ganas, es un truquillo bastante estúpido que te hace salir del cine disgustado y con el peligro de hacerte olvidar todos los logros de la película, que son bastantes.

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