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SPR4

7,9

Ay! Yorgos, qué tendrán tus ojos helenos

29 dic 2015

Yorgos Lanthimos, no sé que tendrás que siempre me dejas con el culo torcío. Ya sea porque no te veo venir, como en Canino o en Alps, o como en este caso que me has dado mucho chicle que mascar, y claro, luego pasa lo que pasa, me cuesta dormir y me pongo a escribir críticas en un blog de cine, ladrón, que eres un ladrón.

Langosta es una extraña, extrañísima, pero a la vez genial y acertada reflexión sobre la pareja, la soltería y sobre el compromiso, a golpe de metáfora y bien envuelta en papel de alegoría distópica. Va sobre todas esas triquiñuelas y engranajes que montamos como sociedad para construir estos conceptos que giran siempre entorno al amor, sobre cómo encajamos en ellos, o cómo no lo hacemos en absoluto, sobre cómo nos alienamos del mundo en el que se supone que merecemos estar integrados porque, coño, formamos parte de él al fin y al cabo. En definitiva es una película sobre cómo dejamos que otros dirijan nuestra forma de sentir, nuestra forma de ver la vida y experimentar el amor, desde sus cómodos asientos hechos de tradición y paradigmas, y sobre cómo nosotros mismos nos boicoteamos en ese sentido más a menudo de lo que nos gusta reconocer.

Langosta cabalga entre la comedia absurda y el surrealismo, con altas dosis de mala leche y un humor negrísimo, con giros inesperados de esos a los que nos tiene acostumbrados Lanthimos, aunque algo previsibles en algunos casos, pero siempre sirviendo al propósito principal de la película y a sus postulados, aunque en un principio parezca que solo esté dando palos al aire.

Molan más las caras menos conocidas, especialmente quienes interpretan al chico cojo y a la chica sin sentimientos, pero aún así el reparto estrella cumple, y este era uno de mis mayores miedos, ya que suelen ser habituales esos casos en los que directores poco conocidos dan un salto cuantitativo a su fama y comienzan a trabajar con actores y actrices más reconocibles, para hacer sus películas más asequibles al gran público; mejor distribución, más pasta, más premios, pero perdiendo en el proceso parte del encanto de su cine, como le ocurrió un poco a Paolo Sorrentino en Youth, o This must be the place; este no es el caso, y aunque a Farrell y Weisz les cueste entender el universo loco y atípico del director heleno, resultan convincentes y aportan la dosis necesaria de patetismo que la película requiere.

Quizás en lo que flojea más la película es, a mi juicio, en la excesiva lentitud en algunas escenas, sobre todo bien entrada la película, ya que la primera parte tiene un ritmo genial y dinámico que cuesta incluso seguir un poco si no estás bien atento, y eso que el director se toma su tiempo para preparar y mostrarnos la acción entre plano y plano, acompañándola de una música algo errática. Otra de las patas cojas es que ciertas ideas las recalca demasiado a base de la repetición de ciertos hechos, como si no confiara en que el espectador pillara la idea que intenta transmitir a la primera, cuando en realidad no importa, ya que si no eres capaz de seguir el hilo en las escenas en las que no incide, no entenderás nada de lo que te quiere contar. Ambas cosas lastran bastante el ritmo y la alargan más minutos de los que debería.

En resumen, una película muy de autor, que pierde parte de esa estética amateur tan interesante de anteriores trabajos del director griego en favor de ese rollito cine indie de hoy, pero que pese a ello no cede un ápice de su estilo, y no se lo pone demasiado fácil al espectador aunque no impide que se entienda perfectamente si miramos con el ojo de la sugerencia y la intuición, y con un final mucho más redondo y sugerente que en Canino.

Muy recomendada si te gustaron sus anteriores trabajos.

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'Langosta': cada oveja con su pareja
Crítica Ecartelera
7,0