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3,3

Bajo en Almodóvar

30 mar 2009

Podríamos calificar la trayectoria de Pedro Almodóvar como a un tobogán, que sube a lo más alto, regalándonos obras memorables (alguna, incluso maestra) como "La Ley del deseo", "Mujeres al borde de un ataque de Nervios", "Átame" o "Hable con ella", para luego caer en la mayor de las ignominias con engendros de la talla de "Kika", "Tacones lejanos", "La mala educación" y, lamentablemente, su último film "Los abrazos Rotos". Igual que Pedro Almodóvar le regaló a Penélope Cruz uno de los papeles de su vida en "Volver" -una correcta y simpática película dentro de la obra del cineasta manchego, aunque menor en su profundidad y calado-, ahora le ha hecho representar un papel soso, sin fuerza, sin pasión, lleno de clichés y previsiblemente aburrido. Bueno, eso no solo pasa en el papel de la oscarizada actriz española, sino en el de todos los miembros de este elenco, que a pesar de sus esfuerzos (especialmente señalables los de Lluis Homar y Blanca Portillo) caen en el mayor de los ridículos (sobre todo José Luis Gómez, habitual en su insoportable histrionismo, más cercano al registro teatral -como siempre- que al cinematográfico). Hablar del argumento es ya para troncharse. El problema es que "Los Abrazos rotos", no es una comedia, sino un dramón de padre y muy señor mio: la secretaria de un supermillonario termina siendo su amante, y se empeña en ser actriz, enamorándose del director de su primera película. En el ataque de cuernos, el millonario intenta separarlos, pero el cineasta se le adelante y ambos se van a un lugar escondido para vivir su apasionante historia de amor. El drama viene cuando los dos deciden volver a la civilización, sufriendo un tremendo accidente de coche en el que ella muere y él queda ciego. Ahí es nada. Bueno, pues la narración de esta historia es tan abrupta como falsa, tan aburrida como completamente previsible. A pesar de algunas genialidades en la realización (como dos revolcones memorables entre Kira Miró y Homar, a ras de un sofá, y Penélope Cruz y José Luis Gómez, envueltos en sábanas... de verdad, impresionantes) y algún que otro guiño, la película no solo resulta insoportablemente aburrida, sino pedante y pretenciosa hasta el desánimo, cuando Almodóvar se dedica a autohomenajearse en un ejercicio un tanto insufrible de egocentrismo. Las apariciones de Carmen Machi y Rossy de Palma desentonan en esas revisiones a "Mujeres al Borde de un ataque de nervios", confirmando, una vez más, mis más temidas sospechas: Almodóvar está genial cuando hace lo que sabe hacer, es decir, contar una historia con sensibilidad y poca vergüenza a partes iguales. Posiblemente "Hable con ella" tiene ese perfecto equilibrio entre "glamour" y ordinariez. Pero cuando Don Pedro intenta ser un cineasta serio, de esos que sientan cátedra y pasan a la historia como John Ford, la caga estrepitosamente. Igual le sucedió a Tarantino con "Jackie Brown": se simplificaron todas las pequeñas y maravillosas excentricidades que le hicieron lo que es, para ser un director convencional más. Almodóvar no puede hacer eso, así que mejor haría en volver a lo que sabe hacer (y muy bien) y dejarse de pedanterías, que, desde luego, no son para él (ni para el espectador). Es como un Almodóvar... bajo en Almodóvar.

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