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3,4

El sueño de Telecinco

21 abr 2012

Si Telecinco pudiera dar con la tecla de un reality que: hablara de la vida y de la muerte, del amor entre adolescentes, donde se pudiera apostar, donde el riesgo, la audacia y la valentía se premiaran y donde todos fueran guapos, atléticos... sería su gran sueño. Es más, sería su gran negocio. Eso fue lo que sentí al ver "Los juegos del hambre", una cinta pésimamente filmada y peor montada (esto empieza a preocuparme, ya que "Ira de Titanes" iba del mismo palo...¡¡que no se ve nada, señores, que el ojo humano no puede captar acción frenética y cámaras moviéndose en tres segundos!!! -de cronómetro, eh!!-). que además se basa en un famoso libro que ha vendido millones de copias en todo el mundo. Confieso que esta vez no he leído ninguno de los libros de la saga, a diferencia de la saga "Crepúsculo", que sí lo había hecho. Es el clásico producto enfocado al público juvenil, en el que hay una chica que tiene que enamorarse, plantearse su propia vida, luchar por su libertad y su identidad... vamos, casi la misma estructura dramática de "Crepúsculo", solo que en vez de ser una chica de instituto que se enamora de un vampiro y un hombre lobo, y tiene que elegir entre los dos, es la historia de una chica que es elegida en un macabro juego de supervivencia retransmitido por televisión, en un futuro cercano el que la humanidad ha cambiado y tiene que rendir cada cierto tiempo un tributo en forma de dos adolescentes que han de luchar a muerte en lo que se llama "Los juegos del hambre" -que vaya putada de jueguecito, donde las reglas cambian cuando les sale de las narices a los que los organizan, todo para que haya más audiencia, más apuestas...-.
El caso es que si la dirección de Gary Ross me parece pésima -como ya dije, una porquería de realización y montaje, un ritmo penoso en las secuencias donde la cámara no se mueva al ritmo de Parkinson- el guión es ya de verbena. A ver, señores, que parece que no nos enteramos: cuando se plantea una realidad diferente de la que vivimos, es decir, la Ciencia Ficción, hay que ser especialmente coherentes, más que nada para que todo resulte creíble: hay que explicar dónde estamos, qué es lo que pasa y cómo va a pasar, porque si no, resulta realmente confuso para el espectador y se desconecta de la historia. No vale hacer lo que a uno le de la gana "porque es ciencia ficción". A ver, si de buenas a primeras aparece una nave extraterrestre en medio de una barbacoa familiar y uno de los miembros sacar un arma experimental y acaba él solito con la invasión...¿cómo ha conseguido ese arma? ¿quién es? ¿qué efecto tiene ese arma? ¿esperaban la invasión? Si todas esas respuestas no se responden previamente, apaga y vámonos. Algo así me ha pasado con esta película: o sea, vale que estamos en una ucronía en la que un estado todopoderoso controla una serie de distritos que no se comunican entre sí, y que cada distrito -que vive miserablemente- tiene que aportar una pareja de adolescentes como tributo y sacrificio para que participen en una perversión de mortales juegos olímpicos, retransmitidos por televisión. Pero el minivideo de autojustificación que le ponen a los chavales no explica cómo se llegó a eso, por qué existen los juegos, por qué no hay más rebeliones, cuál es la vida de la protagonista y su familia antes de entrar en el concurso... y así un larguísimo etcétera que directamente nos tenemos creer por narices. O sea, entiendo que lo realmente importante es que la chica luche contra los elementos, contra sí, misma, se convierta de dulce adolescente con cara gordezuela en una guerrera de élite, capaz de echarle la pata a Rambo (arco y flechas incluidas) y encima se enamore de su guapísimo vecino. Pero hombre...¡¡que me expliquen donde estoy!!
Lo único que creo que merece la pena en el film, es la recreación televisiva del evento -impagable Stanley Tucci como el presentador de la gala, que aprenda Mercedes Milá con "Gran Hermano", que viene a ser lo mismo pero más descafeinado- que, repito, sería el gran sueño de Telecinco, hacer no ya un reality, sino "EL" reality, el definitivo, aquel donde todas las grandezas -y en el caso de la "cadena amiga", sobre todo las miserias- del ser humano sean amplificadas a todo color, en HD y stereo digital envolvente, y observadas con la avidez de una audiencia que no para de demandar más espectáculo, más información, más secretos, en un intento de auto reconocerse. O por lo menos, soñar con parecerse a esos (falsos) protagonistas televisivos.

28
6
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6,7