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3,4

Pesadilla después de Navidad (y antes del verano)

01 jul 2009

Lo peor que le puede pasar a un film de animación, es navegar en tierra de nadie: todo el mundo tiene claro a qué público va dirigido "La Sirenita" y a qué público va dirigido "South Park". Incluso "Futurama" o "Los Simpsons" (a pesar de su gran popularidad y sus curradísimos guiones) también tienen un target bastante objetivo. Pero Tim Burton, ese incuestionable visionario que revolucionó la concepción visual del cine, creando un singular universo propio lleno de claves fantacientíficas alucinantes, hace unos años creó un film -junto con el director de la cinta que nos ocupa hoy, Henry Selick- llamado "Pesadilla antes de navidad", que tenía el mismo defecto de "Los Mundos de Coraline": era demasiado adulta y terrorífica para los niños, y era demasiado simple para un adulto. Lo que me resulta incomprensible (y a veces me hace sentirme como un verdadero bicho raro, cuando no un "snob" contracorriente) es que haya legiones de admiradores de este Film, cuando no de este "modus operandi" de entender la animación: ¿existe el humor al ver a un esqueleto entre gusanos? ¿es divertido ver una Novia Cadáver, con una mano deshuesada donde está el anillo de bodas? Sinceramente, no lo comprendo. A todos esos admiradores rendidos de Burton (cuidadito, que yo también lo soy, solo que de sus películas -ojo, SUS películas, que "Big Fish" no lo era...-) y su particular forma de las animaciones tridimensionales, los invitaría a ser un poquito más objetivos, y dejar un poco de lado ese barroco universo para que hagan acto de contrición y miren este film con ojos objetivos: la historia de Coraline es una versión perversa del clásico de Lewis Carroll "Alicia en el País de las Maravillas", solo que con roña, chistes macabros y todo el (desagradable) imaginario de estos muñequitos llenos de cortes, calaveras, monstruos varios y desmembramientos. Además, el lirismo que debería desprender el film, sencillamente no existe: todo es oscuro, trágico, tremendista y pesimista. Vamos, que no le veo la puñetera gracia a la película por ningún lado, y mucho menos los admiradores que la encumbran como otra obra maestra de la animación. Mirando un poco atrás, he repasado otra película de la que ésta es heredera, y que si me encanta, porque "James y el Melocotón Gigante" (también basada en una novela de Gaiman y con el mismo tipo de animación, etc.) era una oda a la fantasía, a la ensoñación de un niño protagonista a través del cual veíamos el mundo con una óptica maravillosa. Ahora el niño (la niña, en este caso) en su fantasía solo hay cabida para monstruos, gatos negros, y toda la parafernalia esotérica y de blandi-blubs, cuanto más asqueroso, mejor. ¿Eso es lirismo? ¿Eso es fantasía? De acuerdo, puede serlo. Pero más que sueños, son pesadillas. Y las pesadillas, son los sueños en los que uno lo pasa mal, no cuando lo pasa bien (que parece que a muchos se les olvida...)

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