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Nada nuevo

03 dic 2009

Que el mito de los vampiros es uno de los más rentables de la historia del cine, es algo que está meridianamente claro, desde el ?Nosferatu? de Murnau en 1922. Será la inmortalidad, será la seducción y elegancia del glamuroso conde de rostro pálido y refinadas maneras, vete a saber. El caso es que en la taquilla funciona. Y en televisión, y si no ahí tenemos ?True Blood?, ?Moonlight?, ?Buffy??toda una retahíla de universos donde los vampiros y los humanos interactúan. Cuando Stephenie Meyer escribió su primer libro, quería contar con todos los elementos para convertirlos en un best- seller y para ello se pensó ¿quiénes era el mayor público potencial para consumo de ficción? Obviamente, los adolescentes y por eso añadió en la ecuación de los vampiros el ambiente de un instituto norteamericano donde una desadaptada chica llega para encontrarse con un enigmático compañero hacia el que se siente irresistiblemente atraída. La primera adaptación cinematográfica tenía su gracia, y momentos acertados ?no obstante, el primer libro de la saga tenía muchos más elementos cómicos que la segunda parte, y muchísimos más que la tercera ?Eclipse?, que ya se está en marcha?-; en cambio esta segunda parte se convierte a los pocos minutos de su inicio en el clásico producto adolescente, lleno de tópicos y almibaradas secuencias románticas. Aunque es lícito hacer este tipo de cine, no lo es así venderlo como algo ?original?, porque de nuevo, no tiene absolutamente nada: en esta segunda parte Bella sigue con su obsesión para unirse de por vida (o por no-vida?) a su amadísimo Edward, pero los conflictos con otros vampiros y su entorno familiar empiezan a acrecentarse cuando Bella se reencuentra con su amigo de la infancia Jacob, que también esconde un secreto sobrenatural. Es innegable que la cuidada producción consigue un producto impecable, de factura excelente y efectos especiales deslumbrantes (aunque en muchos momentos la infografía es demasiado obvia y parece más un videojuego que una película?) pero la ?trampa?, a la hora de engatusar al público al que va dirigida resulta demasiado evidente: las secuencias de amor entre Bella, Edward y Jacob (ojo, no nos liemos, entre Bella y cada uno de sus dos pretendientes, el vampiro y el hombre lobo?) chirrían con unos diálogos de auténtico chiste, y unas interpretaciones bastante mal avenidas (especialmente por la protagonista, Kristen Stewart, comedida en la primera parte, pero ya se ha creído la pobre que es una estrella, y se le nota demasiado?). Para rematar la faena, resulta que los paralelismos entre el ritual de terminar la secundaria y empezar la vida ?de adulto?, con el arco dramático de los vampiros, es totalmente ridículo, por no hablar del desenlace, que podría ser el sueño de toda adolescente norteamericana (o quizás, de las no norteamericanas también?). Eso sí, me quito el sombrero por la faraónica operación de marketing mundial, que ha logrado situar esta franquicia comercial como una de las más rentables de los últimos tiempos en la gran pantalla, y que ha funcionado a la perfección. Pero la frialdad de la misma se puede equiparar a la de los propios vampiros, ya que esta segunda parte está tan enfocada, es tan comercial, que carece de alma, de humanidad. Lo dicho, igual que los vampiros van a chupar la sangre de sus víctimas, esta saga ya está chupando (eficientemente) la sangre de sus espectadores. Y lo peor, de una forma nada nueva. Solo hay que cambiar el tema del vampirismo por las artes marciales (la saga ?Karate Kid?), por lo paranormal (?Carrie?), la informática (?Juegos de Guerra?) o por cualquier otro tema de problemática adolescente para reconocer éxitos de taquilla anteriores. Yo pensaba que tras un arranque tibio de la saga con, Catherine Hardwicke (inexplicablemente, tras haber dirigido un excelente film independiente que dejó deslumbrado a Sundance, ?Thriteen?, se metió a lo más convencional del mundo?), ahora parecía que eligiendo a Chris Weitz, que nos regaló la incomprendida y fracasada comercialmente ?La brújula Dorada? y una de las mejores comedias contemporáneas con Hugh Grant en ?Un niño grande? se iba a dar una mayor credibilidad a la saga, cuando menos, pero está claro que el diseño de producción y marketing ha podido con el talento creativo de este director. O lo que es lo mismo: ?déjate de creatividad, y vamos a vender, que es lo que nos ocupa?.

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