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uno de los argumentos más originales de los últimos años.

22 jun 2013

Debido a que cada día los efectos digitales son más baratos, ha llegado la época en el que un film de escaso presupuesto puede enmarcarse dentro de la ciencia ficción espacial a pesar de no contar con batallas intergalácticas ni horripilantes alienígenas. Son cintas de género más intimistas, donde entrar en el juego argumental y dejarse picar por el gusanillo de la curiosidad es crucial para disfrutarlas.

Tal es el peso de su argumento, que Moon recuerda en varios momentos a Memento. Su protagonista, Sam Bell, es un austronauta al que le faltan 2 semanas para terminar un contraro de 3 años cuidando en solitario una base minera en la luna. Una labor que le ha dejado exhausto mentalmente y algo desorientado respecto al dónde está y cuando - Una situación que se traslada al espectador sumiéndole en el mismo estado de confusión - y su única compañía es un robot ayudante llamado Gerty (Al que pone voz el mismísimo Kevin Spacey). Una maquina programada para ser el mejor amigo del astronauta que en ocasiones se comporta como si estuviera al mando.


Continuar con la historia de la cinta sería destrozar la posibilidad de que disfrutéis paso a paso de los giros y vueltas que da el argumento de Moon. Sólamente señalar que es una trama más compleja de lo que iniciálmente parece, y que se resuelve con una naturalidad y simpleza realmente sorprendente.

Sam Rockwell nos regala con Sam Bell su mejor trabajo hasta la fecha. El actor nos muestra de forma gradual como el astronauta se va destruyendo física y mentalmente mientras lleva él sólo todo el peso del metraje, ya que sin contar los personajes que aparecen en los recuerdos del protagonista, este es el único integrante de toda la función.


Como en toda gran cinta de género, los efectos digitales ayudan constantemente a situar el contexto adecuado pero no son el centro del espectáculo. La fotografía y la iluminación son los aspectos que mejor partido sacan de ello, pero que nadie espere ninguna escena de acción espectacular en el espacio ni espadas laser. Los efectos de Moon se centran en recrear un suelo lunar desértico que refuerza la sensación de soledad que consume al protagonista redondeando un diseño artístico sobresaliente.

El único problema que se le puede achacar a este regalo lunar viene de su propia naturaleza. De un argumento que quizá necesita de un esfuerzo incial por parte del espectador menos acostumbrado a que le desconcierten en una sala de cine. Moon supone una inmejorable carta de presentación para el debutante Ducan Jones, que ha pretendido hacer un homenaje a Kubrick y ha ido más allá realizando una de esas películas de ciencia ficción tan satisfactorias que sólo aparecen un par de veces cada década. Es una pena que sólo haya recaudado 8 millónes de dólares en Estados Unidos (Una cifra presumiblemente cercana a su desconocido presupuesto) y que pase sin pena ni gloria por las carteleras de nuestro país.

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'Moon', culto instantáneo
Crítica Ecartelera
7,8