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La misma resaca demasiado pronto

04 jul 2013

Desgraciadamente Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia! se acerca tanto al tópico del fracaso en las segundas partes como para casi echar por tierra el soplo de aire fresco y buenrollismo que hizo destacar a la primera por encima de la de media. Y decimos que encaja en el esquema secuelero actual de lleno porque cumple el ABC de las segundas partes a rajatabla, es decir, más oscuro, más exagerado y peor contado. Pero es que encima se parece tanto al original que de no ser por algún momento escabroso a lo Callejeros Viajeros: Bangkok, podríamos estar ante la misma película.


Las diferencias con la primera entrega se limitan a cambiar al amigote perdido Justin Bartha (relegado ahora a contacto en el hotel) por el hermano de 16 años de la prometida de Stu (un crecido Ed Elms), cuyo tradicional padre tailandés se niega a celebrar la boda en algún lugar de Estados Unidos, como por ejemplo Las Vegas. Si hace 2 años exploramos todos los tópicos de la ciudad del pecado, con mafiosos, famosetes y strippers, lo que tenemos ahora en Tailandia son...bueno...mafiosos, los mismos famosetes y strippers, eso sí, con sorpresa, que estamos en Tailandia.

No es que la propia película no tenga en cuenta a la primera parte, es más, en Resacón 2 se hacen continuas referencias a la historia anterior en un intento de autocrítica que en vez de dar cierta coherencia a la saga, termina por reforzar esa sensación de deja vu. Todo lo que respecta al argumento es un copia y pega descarado con retoques muy vagos como la excusa para el regreso de Chow (Ken Jeong, de Community) o los innecesarios giros finales. Poco importa que los personajes se enfaden entre ellos o se enfrenten a obstáculos desproporcionados. El propio argumento no se toma en serio los conflictos y para la escena siguiente ya lo tiene todo solucionado y listo para seguir a rajatabla el esquema previsto.


Y como decimos, todo está exagerado. Si en la primera parte el personaje de Zach Galifianakis dejaba entrever serios problemas mentales, en Resacón 2 se transforma directamente en un sociópata con mentalidad de embrión prematuro que merecería estar encerrado en Arkham. Curiosamente, el más beneficiado por el éxito de la cinta anterior, Bradley Cooper, es el que menos brilla del reparto en un rol que es capaz de hacer con los ojos cerrados.

A pesar de todo los personajes siguen manteniendo la fuerza suficiente como para resultar atractivos en pantalla y aunque los gags reciclados funcionen a medias, sí lo hacen algunos nuevos como el del mono "trabajando" o la regresión a la infancia de Alan. Lo justo y necesario para que sumando una realización correcta y una banda sonora pegadiza todavía nos deje una comedieta decente para pasar el rato. Eso sí, la fórmula no va a sobrevivir a otra entrega idéntica.

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