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4,5

El monstruo sin alma

19 jun 2013

Vincenzo Natali es uno de esos realizadores que no se caracterizan por un talento apabullante detrás de las cámaras pero que aún así han logrado cosechar una pequeña legión de admiradores. Y es que en un panorama saturado de blockbusters sin neuronas el cineasta estadounidense siempre ha sido capaz de traernos propuestas diferentes que cuanto menos lograban que pensáramos un rato en lo que acabábamos de ver.

Siendo Cube la máxima expresión de ese buen olfato sólo en Cypher demostró un buen hacer real en la silla del director. Por desgracia en esta Splice su trabajo se asemeja más al de cualquier mercenario televisivo en una historia que precisamente necesitaba de un realizador imaginativo. Y es que la premisa es demasiado simple y lineal como para limitarse a colocar dos cámaras en una habitación


Adrien Brody y Sarah Polley dan vida a una pareja de científicos que acaban de combinar con éxito el ADN de varios animales logrando importantes avances con aplicación médica. Abrumados por el éxito se crecen y deciden en secreto añadir al coctel ADN humano para confeccionar una nueva especie que revolucione la medicina tal y como la conocemos. A partir de aquí la cinta se limita a encerrarnos en un laboratorio para asistir paso a paso a la rápida evolución de la criatura que afecta irreparablemente a la vida personal de la pareja.

Como los actores parecen estar en constante estado de coma (o quizás el Diazepan del laboratorio no es sólo atrezo) el único aliciente para no quedarnos dormidos es el excelente y nada huidizo diseño del monstruo. Dren -que así se llama- parece real desde el mismo nacimiento hasta su llegada a la edad adulta y realmente logra sorprender al espectador a medida que va mostrando sus diferentes habilidades. Por desgracia incluso esa perfecta labor técnica termina sabiendo a poco en una trama que no juega bien con los evidentes dilemas morales existentes y que encima se ve más lastrada por la indecisión de Natali de enmarcar la cinta en un género concreto.


Siendo en esencia una película de ciencia ficción su primera mitad se acerca con algo de acierto al drama para ir descendiendo poco a poco a los infiernos del terror más facilón y predecible. Lo que sumado a lo simplón de la trama acaba dejando en el espectador la sensación de que se ha tirado las últimas dos horas mirando una demostración excepcional de efectos especiales sin transfondo alguno.

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'Splice', Natali decepciona
Crítica Ecartelera
5,0