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3,1

Es lo que es

03 jul 2012

Me molesta sobremanera el filisteísmo que hay en el cine español: si alguien hace una película comercial sin más, sin que tenga intenciones de arreglar el injusto mundo que nos rodea, parece que tenga que pedir perdón. Vale, es verdad que en este tipo de productos se puede meter algo más de contenido, e incluso hacer un guión que funcione... pero que hay que tener claro qué es lo que vamos a ver. Y aquí no engañan a nadie: vamos a ver una historia de amor, de las de toda la vida, entre el tío guaperas y cachas de moda, y la niña mona del momento. Punto final. No hay más, así que no lo busques. Y aciertan con la diana, porque se están forrando con este producto bien orquestado, diseñado y estudiado exactamente para el público al que va dirigido.

Está claro, que si no quieres ver eso en una película, pues entonces no vayas a verla, porque no te ofrecen más cosas. Pero parece que mucha gente en nuestro país quiere verlo, ya que ha llegado desde su estreno hasta ahora mismo al millón de espectadores (o lo que es lo mismo, casi ocho millones de euros de recaudación...). Aquí todo vale y gira en torno a las estrellas del show -esto es, Clara Lago, María Valverde y sobre todo, Mario Casas- que se enamoran, se desenamoran, se ilusionan y se desilusionan de la vida. Tan real como la vida misma... bueno, con matices: A) de momento, el amigo Casas se pasa toda la película sin usar ni una vez el casco para su moto (¿no le ponen ni una multa? ¿no le quitan ni un punto del carnet?) B) Con tal de pasarlo bien, vamos a darle a las drogas y así disfrutamos más (no es por ser moralista pero ¿es que toda la juventud, en masa, hace lo mismo?) y C) Esto del amor va por rachas y modas, pero con la misma facilidad con que me encapricho de unos zapatos y cuando me harto los dejo arrumbados en el armario o los tiro, cambio de pareja y a vivir la vida. Básicamente, eso es la película. El mensaje es algo cuestionable -y que aparece en la novela de Moccia, aunque suavizado...- pero el contenido es impecable. Ya quisieran muchas películas españolas o europeas tener el formato de esta, en cuanto a factura general. Y si hablamos del marketing y de la promoción, no digamos.

Con todo esto quiero decir que en efecto, me aburrí como una ostra en el cine. Tampoco me gustó para nada el mensaje, de lo más simplista y moralmente cuestionable. Pero no dejo de reconocer que es un producto honesto que desde el minuto uno te da lo que el público en masa va buscando en esta película: esto es, tórridos romances entre guapos adolescentes que desean exprimir la vida sacándole hasta la última gota del jugo (para lo que no dudan en participar en carreras en moto, practicar boxeo extremo o jugársela entera por una noche de marcha). Hay otro detalle bastante importante: resulta completamente irrelevante que me pueda o no gustar el film, ya que obviamente, no está destinado al público que demográfica, artística o culturalmente, pueda representar. Es como si un crítico culinario se dedicara a opinar de un regaliz o un chupa chups. Es lo que es, es lo que hay, y no hay que darle más vueltas.

¿Calidad actoral? Pues también lo tenemos claro, y resulta un poco penoso que Mario Casas, al que tanto quiere la cámara y que tan espectacular aspecto físico tiene, no haya contratado clases de declamación o un simple coach para vocalizar mejor, porque en la mayoría de los casos no se le entiende ni papa -o sea, como siempre-. Pero tampoco importa mucho, vamos, que con los abdominales que luce hubiera dado igual que hablara en coreano o magiar.

Personalmente, yo habría hecho un film de más enjundia... pero seguramente habría equivocado el resultado y el producto final: es como si alguien va a comerse una hamburguesa de las de toda la vida, y resulta que el pan es de amapola y sésamo ecológico, en vez de lechuga son canónigos deconstruídos en mousse de canela, el tomate es deshidratado con aroma de cilantro, y la carne es de avestruz salvaje. Probablemente sea la mejor hamburguesa del mundo, pero no es lo que buscaría un consumidor de fast-food, y fracasaría estrepitosamente. Por eso cuando se crea un producto honesto, que da al público lo que quiere... no tengo por contra que quitarme el sombrero, aunque el producto me parezca una auténtica basura, lo mire por donde lo mire. Pero lo que es, es lo que es.

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6,9