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4,5

El brazo listo de la taquilla española

25 jun 2013

Desde La Palomita hemos defendido en más de una ocasión a Santiago Segura principálmente porque sus propuestas son claras. Se alejarán más o menos de lo que generálmente se considera una buena película, pero nadie puede negar que a la hora de gastarse unos buenos 10 euros en una entrada 3D para la saga Torrente sabes lo que estás comprando. Salir del cine disgustado porque Torrente es demasiado vulgar es como quejarse de que la última de Michael Bay tiene demasiadas explosiones o que no has entendido lo nuevo de David Lynch. Se da por hecho.

Aunque a estas alturas a nadie se le escapa que lo que hizo grande a la primera, la crítica social, se quedó ahí. Lo que nos encontramos en las anteriores secuelas fue un chorreo de gags basados en el culo-pedo-caca-pis y por el que desfilaba medio panorama televisivo, que pese a las críticas de todos los anti-telecinqueros, siempre acaba siendo una diana inmejorable para los dardos de Segura (lo que le sucede a Belén Esteban en Torrente 4 es una fantasía recurrente en muchos de vosotros, creedme).

Por todo ello, lo único que hay que valorar a la hora de ver esta cuarta parte con espíritu crítico es si hace gracia. Si es divertida. Y no es nada sencillo seguir sacando carcajadas del personal cuando tienes un personaje tan limitado y cuyos chistes han sido repetidos hasta la saciedad. Además, nos encontramos con el obstáculo añadido de que la pasada entrega fue la peor de todas. En Torrente 3 Segura parecía cualquier fan disfrazado del flatulento policía y se había perdido toda la chispa y naturalidad de las anteriores películas, seguramente por culpa del empeño del director en conseguir una de las mejores facturas técnicas de nuestro cine. Porque si hay alguien al que le quede bien la cutrería, los primeros planos guarros y la mayoría de tópicos del cine español es a Torrente.


Todos los familiares de Torrente son Tony Leblanc, y a nosotros nos encanta
En esta Lethal Crisis Segura ha recopilado lo que a su juicio son las mejores virtudes de cada una de las entregas anteriores y lo ha envuelto en un más que competente 3D. Regresa a la comedia en buena forma de Torrente 2 pero sin dejar en el camino ese empeño por el espectáculo que sobra por todos lados. Porque 10 millones de presupuesto casi parecen una excusa para compensar esa falta de frescura que su director y guionista es incapaz de devolverle al personaje en el papel. Por eso, en esta ocasión Segura recurre más que nunca a los homenajes peliculeros (Evasion o Victoria, Brubaker y un largo etcétera) además de aprovecharse de debates actuales como la economía y la inmigración para crear el que debería ser el Torrente definitivo.

Y no lo es simplemente porque lleva un 4 al final del título. Porque aunque tenga fallos como un final demasiado precipitado o alguna actuación lamentable es tan divertida como la segunda. Pero Misión en Marbella aún conservaba el atractivo de ver desatado al personaje tras conocerlo en la primera cinta. No hay que olvidar que parte de la gracia de José Luis Torrente es que a pesar de que los tiempos cambien, él sigue anclado en el rincón más oscuro de los años 70. No evoluciona ni un ápice. Y por mucho que Segura intente sorprender con pequeñas variaciones de clásicos como el ¿Nos hacemos unas pajillas?, al final no deja de ser un chiste que tras 13 años de torrentismo suena a viejo.

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