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moore

7

Presagios llenos de frialdad y de odio.

07 may 2014

Nada más comenzar la película, ya notas que algo va a suceder, algo malo, repentino, que impactaría en la vehemencia de una calma demasiado apacible, que ya desde los primeros compases se percibía como forzada. En los ojos de Tom Stall, tan naturalmente interpretado por Viggo Mortensen, se aprecian unos destellos fríos y negros, cuya inexpresividad no va acorde a su relajado tono y a su pacífico y reposado modo de vida, pues se deslumbra algo que se acerca bastante a la presencia de odio.

Es una película corta, y en los momentos hasta que no pasa nada, por así decirlo, no se puede tildar de aburrida, aprecias con amenidad y con satisfacción ese frágil envoltorio de la tensa calma que nos presenta David Cronenberg. Hasta que sucede el ataque. La postura que adopta el distante Viggo, de pavor y dispuesto a hacer lo que sea para que los delincuentes se vayan va por una parte, pero sus ojos, su fría mirada dice todo lo contrario, como si les estuviera advirtiendo a los chorizos de que lo mejor que podían hacer es irse, pero a la vez sin dejar de ceder terreno verbalmente.

La reacción no podía ser ejecutada por un hombre corriente, para hacer eso que ha hecho Viggo hace falta profesionalidad y experiencia, eso no lo puede hacer cualquiera, y menos en el modo en el que lo ha hecho. Y ahí es cuando entra en juego uno de los mejores de esta buena película, el soberbio Ed Harris, que para mí hace una de las mejores interpretaciones de su carrera, si no la mejor. Transmite tanto con su sola presencia en la pantalla, atrapa por completo al espectador, lo sumerge hasta lo profundo de los entresijos de la película. Maravilloso e inquietante.

Por otro lado se nos va mostrando la vida del chaval en el instituto, algo que lejos de ser un componente del segundo plato, alejado de la trama principal de la película, nutre y apoya mucho la consistencia de la estructura misma, llegando a ser la evolución del muchacho, un componente fundamental en el desarrollo de las circunstancias. Además ese desarrollo está presentado de tal modo, que incluso creo que a los espectadores más veteranos, alejados de las peripecias juveniles les va a costar permanecer distantes a lo que se está mostrando. Es realista, a la vez que idealista, y lo más importante es que es creíble y a su manera, maravilloso.

Mientras que nos seguimos deleitando con la presencia de Ed Harris en la pantalla y con la incertidumbre frustrada de Viggo Mortensen llega uno de los momentos más brillantes e impactantes de la película, con fuerza propia, que suenan como tambores rugientes anunciando el desate de la violencia reprimida y la sensación de agobio e inquietud que estaban causando esos sujetos.

spoiler:

El tiroteo en el jardín es brillante, no sólo por la belleza técnica desplegada, sino también por lo que supone. El desencadenante, las últimas consecuencias. Y esa frase:

-Debería haberte matado en Philadelphia.

No obstante lo que se ve después baja de ritmo y de vertiginosidad creciente, presente hasta ahora. El bajón se confirma cuando Viggo emprende ese viaje de 16 horas para reafirmar que la sospecha estaba en lo cierto. Y aunque para desenlace se nos tiene preparado un sólido tiroteo, más bien ajusticiamiento de todos los integrantes del tenebroso pasado de Viggo, lo que es la consistencia del desenlace en sí, no es tan pleno como podía haber sido de haberse desarrollado después la historia como me hubiese imaginado yo.

Lo ideal para mí hubiera sido que toda esa sensación de violencia, ese clima tenso y hostil surgido debido a las últimas incidencias, todo el ambiente palpable cargado de odio, incertidumbre y desconfianza diese por sí sólo esa espiral de violencia, sin agentes externos. Que la presión hiciera mella sobre los Stall. ¿Para qué hace falta atemorizarnos con unos mafiosos peligrosos, cuando lo más temible reside dentro de nosotros, algo que tan bien nos ha proyectado esta película? Lo ideal sería eso, que todos los miembros de la familia fueran evolucionando hacia unas posturas irreconocibles y extraordinarias, metamorfosis imposibles de haberse dado sin esos sucesos acaecidos. El impacto sería de unas dimensiones mayores, inimaginables. Hubiese sido algo impresionante y monumental, y no ese final tan convencional para una película que no pretende serlo. No hace falta aclararnos el pasado de Viggo, si fue de verdad un mafioso o no. ¿Qué importa eso? Lo que importa no es lo que fue en una vida pasada, sino lo que es ahora y en lo que se está convirtiendo. Creo que jugar con eso hubiera sido de más provecho que la opción escogida por el artífice, lo que aquí expongo tengo la impresión de que hubiera podido mejorar esta buena película.

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