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De como Giorgio aprende que no todo es ligar con camareras

22 jun 2013

Con esta película cobra más sentido que nunca la expresión "fábrica de sueños" que tantas veces se le atribuye a Hollywood. Y no porque la cinta protagonizada por nuestro Giorgio Nesspreso sea un sueño hecho realidad, sino porque es el último ejemplo de un producto creado por Hollywood y para Hoollywood. Up in the air es un vehículo para el lucimiento de su actor y director que nace, vive y muere para arrasar en todas las ceremonias de premios de este año.

Y es que hace no mucho tiempo, las cintas con olor a Oscar eran en su mayoria dramas profundos sobre discapacitados, o relatos de amor prohibido en contextos históricos espectaculares. Eso ha cambiado. Ahora en la meca del cine lo que está de moda es el falso cine independiente desde que Pequeña Miss Sunshine y Entre copas obtuvieran un porrón de nominaciones a los Oscars sorprendiendo a propios y a extraños. Y es que ahora Hollywood va de guay, de multicultural, incluso de ácido si me apuras, y como sucedía con el tipo de cintas antes mencionado, ahora es el momento de sobrevalorar comedias románticas por encima de la media, pero lejos de llegar a obras maestras del género como, por ejemplo, Mejor...imposible.


Con esta denuncia no quiero decir que Up in the air sea una mala película, al revés, es una cinta más que correcta con momentos reálmente memorables, pero en conjunto no deja de ser una tragicomedia sobre el aprendizaje de valores y el aprecio a la vida que tantas veces hemos visto, eso si, dirigida en esta ocasión con mano maestra por Jason Reitman, que vivirá siempre estigmatizado por un debut sencillamente espectacular, hablamos por supuesto de Gracias por fumar.

La trama, sobre un lobo solitario que se pasa la vida de aeropuerto en aeropuerto despidiendo a empleados de todo el país, es sólo una excusa para situar al personaje de Clooney en un contexto determinado en el que se siente agusto, una especie de nido que tendrá que abandonar cuando aprenda la valiosa lección que enseña la película: la vida es mejor en compañia.


En uno de sus viajes conocerá a Alex, un alma gemela que le dará alegrias y tristezas a partes iguales, y que está interpretada con absoluta perfección por Vera Farmiga, una actriz a la que la fama le llega un poco tarde y de cuyo talento pudimos disfrutar en la rescatable La huérfana. Giorgio también tendrá que lidiar con Natalie (Anna Kendrick), el jovencísimo nuevo fichaje de su compañía, y cuyo método de despido promete dejar obsoleto el modo de vida de nuestro protagonista.

Kendrick también se luce en el que probáblemente sea el rol más tramposo de toda la cinta, un personaje que parece situado estratégicamente para hacer reflexionar a Clooney, y cuyas charlas llenas de moralina apenas se dan en la realidad entre personas que se conocen desde años, y menos entre dos compañeros de trabajo rivales que acaban de saber de la existencia del otro. En lo que le toca al protagonista de Syriana, no os voy a descubrir ahora que tras el sex symbol hay un actorazo, pero el papel tampoco ofrece un margen suficiéntemente amplio para que Clooney se luzca más allá de la cara de canalla o la cara de arrepentido. Si es de agradecer la breve presencia de un porrón de actores a tener en cuenta como Jason Bateman (Arrested development, serie que tienes que ver YA), J. K. Simons (Spiderman) o Zach Galifianakis
Respecto al guión, el aspecto más alabado de toda la cinta (y ganador del Globo de oro), es en el segundo tramo de la cinta cuando reálmente coge fuerza y empieza a descubrir sus cartas. Se trata de un libreto cargado tanto de momentos vistos una y mil veces (la revelación en la conferencia, la charla con su cuñado) como de situaciones originales (los despidos) que sin ser redondo, en ningún momento arruina la película. Pero eso es gracias al equilibrio logrado por su autor y también director en un trabajo de realización con unos planos muy cuidados y un montaje comedido y dinámico. Todo ello adornado con una banda sonora cargada de temas pegadizos y alegres que os harán esbozar más de una sonrisa.

En definitiva, Up in the air es ese regalo perféctamente envuelto cuyo interior no satisfará al espectador con las expectativas más altas. Quizá si nos hubiera llegado haciendo menos ruido estaríamos más predispuestos a entrar en el facilón juego que nos propone Reitman. De todas formas ya podrían mantener este nivel técnico y artístico todas las comedias románticas actuales. Pero a una de las cintas que más galardones está acaparando este año yo le pido bastante más.

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'Up in the air', brillante conservadurismo indie
Crítica Ecartelera
8,0