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Para adolescentes con problemas

20 nov 2011

El multipremiado Chapero Jackson del terreno del corto por fin aborda una película de metraje convencional. Y se le queda corta.
El resultado es una película para adolescentes, para chavales con cultura con K, de innegable fuerza visual, pero que puede interpretarse como un videoclip estirado de un grupo musical de raperos.
La historia no es nueva. Sara es la chica protagonista. Se enfrenta pasivamente a todos y a todo, en lucha callada con sus padres, con ella misma, con su colegio, con una cerrazón social lindando con el autismo (la niñata en cuestión a veces tiene un buen par de hostias, perdón por lo políticamente incorrecto). Al finalizar el metraje Sara ha roto su coraza y vive y late en un mundo multicolor con una sonrisa de anuncio de dentífrico. ¿Qué ha pasado por el camino?
Por el camino se abre toda una imaginería pseudo-mística, surrealista, muy potente visualmente, poblada de personajes simbólicos con estética grafitera, que refleja el mundo interior de la protagonista (un poco siniestro, por cierto). Incluso en el viaje que hace Sara por el centro de Madrid, preludio del que luego hará desde el patio interior de su casa, Chapero ya nos muestra a través de los fascinados ojos de la quinceañera una ciudad casi mágica, casi épica, casi mística, nada que ver con los devastadores y también simbólicos barrios de extrarradio donde viven los protagonistas.
Chapero Jackson plantea este viaje interior de autosuperación de Sara como una historieta gráfica. Los personajes, una vez adentrados en la aventura mental de la chica, parece que pueblan viñetas de un comic iniciático y trascendente (o al menos se pretende que sea trascendente). Tanta trascendencia a ritmo de videoclip engancha estéticamente pero la película lo paga a costa de la claridad de pasajes de la historia (¿es comprensible la superación de la primera prueba?). Tampoco se definen los caracteres de los pobladores de este mundo retorcido que Sara lleva en su cabeza. Algunos personajes van desapareciendo en las diferentes fases del viaje de Sara ¿A alguien le importa? Son tan esquemáticos, tan para rellenar plano, que a los pocos segundos no importa su ausencia, salvo la de sus sonoros y supongo, cómo no, simbólicos nombres (reconozco que se me escapa el simbolismo de algunos).
Por cierto, cuánto se parece Verónica Echegui a Natalie Portman en esta película.
Insólitos y valientes los guiños al Quijote. Sara, sola y silente contra el mundo, se identifica con la actitud rebelde y fatalista del caballero andante. Seguramente esta película hará más porque los chavales se decidan a leer Don Quijote de La Mancha que 400.000 clases de literatura.
¿Hay moraleja? Continuamente, con símbolos, a veces a gritos, se remarca la fuerza de la palabra, del verbo, desde la sopa de letras que toma la silenciosa Sara al principio, pasando por la prosa mágica del Quijote o por el camino de letras que usará Sara para unirse con su madre. La palabra, el verbo para hacerse ver, para hacerse valer, para salir del autismo y derrotar la incomunicación.
Una curiosa ópera prima, potentísima en lo visual y pobre en casi todo lo demás, en la que a Chapero Jackson no le ha importado más que la fuerza de las imágenes. Tiene todas las papeletas para convertirse en película de culto para un determinado público de adolescentes (no creo que todos). Esperemos que en su siguiente largo, se abra a un mundo más amplio. No toda la cultura se escribe con K.

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