Seguramente, hay muy pocos creadores visuales como Tarsem Singh. Este auténtico artista con solo dos pelÃculas ("La Celda" y "El Sueño de AlejandrÃa") ha creado un universo visual propio en el séptimo arte, como ya lo creara en videoclips de Suzanne Vega, Britney Spears o Beyoncé. Una concepción rompedora que deslumbra por su originalidad conceptual y su diseño, que mezcla elementos de culturas tan dispares como la musulmana, la hindú, la británica o la francesa. Un gazpacho bien aliñado que suele ofrecer imágenes realmente alucinantes. En sus dos primeras pelÃculas, este complejo cosmos encajaba a la perfección; pero me temo que Singh es esclavo de su propia imaginación, que no termina de encajar en este su tercer film, ya que estamos hablando de griegos, dioses del olimpo, titanes, oráculos y guerreros semi-divinos. ¿Qué tiene que ver con esto los burkhas, el desierto -en Grecia, ni en casi todo el mediterráneo, hay desiertos...- las lúgubres cavernas infernales -ni siquiera traÃdo por el mito de Platón- o las armaduras barrocas a base de alambre de espino? Pues nada, oiga, no tiene que ver absolutamente nada. Por eso esta pelÃcula no me la creo en ningún momento. Vamos, en los primeros segundos ya me sacaba todo el apabullante diseño de producción, que podrÃa bien valer para otro guión, para otra historia, pero aquà no encaja ni con superglue. Es como si un director andaluz, obsesionado con la estética de La Feria de Sevilla y la RomerÃa de El RocÃo, le diera por vestir de corto y flamenca a los protagonistas de una historia que se desarrollara en la Italia del siglo XVI. La cagarÃa, como la ha cagado este director vistiendo a griegos como si fueran de Afganistán, Siria o una mazmorra sadomaso de BerlÃn. Ni siquiera el 3d -que está muy logrado- sirve para hacernos tragar el mejunje que se le ha ocurrido a Singh para contarnos la historia del famoso Teseo, que orientado por el mismÃsimo Zeus ha de pararle los pies al malvadÃsimo rey Hiperión en su afán de encontrar el arco de Épiro para liberar a los titanes de su prisión ancestral. Creo que los productores de "300" se equivocaron radicalmente al encargarle a Singh esta pelÃcula, ya que creyeron que harÃa algo parecido a lo que hiciera Zack Snyder, e igual de rentable. Y no ha sido asÃ, porque Snyder, que es otro creador de imágenes, fue fiel al cómic de Miller, que supo sintetizar toda la iconografÃa griega y espartana, cosa que no ha hecho este director, dándole unas patadas a la historia que son para alucinar. Y por supuesto, todo ello por la estética, porque "queda bonito". Y si fuera solo eso, todavÃa podrÃa tragarlo. Pero es que el guión es caótico, la dirección de actores realmente funesta (con estrellas como John Hurt o Mickey Rourke convertidos casi en caricaturas de sà mismos, a su libre albedrÃo...). Un ritmo visual que además resulta agotador, no ya por el barroquismo de las imágenes -que casi obliga al espectador a mirar de un extremo a otro de la pantalla buscando los más mÃnimos detalles que encima...¡¡tienen que ver con la historia!!- sino por la claustrofobia de movernos siempre en la misma escala cromática, todo tonos ocres, marrones y negros. Ni siquiera en el Olimpo, con el mismÃsimo Zeus podremos disfrutar de la luz propia de los Dioses. Nada, aquà todo es sucio, oscuro, pringoso, chorreante y viscoso. Por supuesto, que no podemos olvidar aquà el toque no ya gore, sino brutal, salvaje y sádicamente sangriento que tienen todas las pelÃculas de este director, y que en esta ocasión -como ya pasaba anteriormente con el diseño de producción- tampoco encaja en absoluto. Eso sÃ, nos ha quedado perfectamente claro que Henry Cavill, el protagonista, encajará a la perfección en su nuevo papel de "Supermán", porque aquÃ, a diferencia de Gerald Butler en "300", no le hace ninguna falta maquillaje para potenciar su musculatura y abdominales. Mucha factura, muchos efectos, mucha violencia (quizás demasiado salvaje, como ya digo) y fuegos artificiales, pero...¿y la pelÃcula?