Cuando Aldous Huxley escribió en 1932 que "62.400 repeticiones hacen una verdad", ya iba quedando clara la inclinación de la literatura anglosajona de la época apenas tres años después del crack de la bolsa estadounidense. Los organismos de poder ejercen el control absolutista en todas y cada una de las novelas que sirvieron de base, década tras década, a la filmografía distópica. Frecuentemente ligadas a la eterna guerra de clases, este tipo de obras nos imbuyen en mundos dominados por lo retrofuturista, donde grandes magnates dinamitan a gran parte del tejido social con el objetivo de modificar las relaciones humanas, de someter a aquellos que, según su criterio -el montante de dinero que sean capaces de atesorar-, no merezcan una oportunidad en el nuevo sistema mundial.

Lo triste de todo esto es que mientras el imaginario colectivo camina sin reparar en el estado actual de las cosas, si se pregunta por las distopías que conocen, con suerte responderá que las ciudades derruidas, hasta los topes de basura y las modificaciones tecnológicas son sus principales símbolos y que, excepto lo último, nada de eso ocurre en su radio de acción.
Sin embargo, la presencia de sujetos como Donald Trump o Kim Jong-un en dos de las principales potencias nucleares, los recientes movimientos de extrema derecha en Europa y la continua amenaza del terrorismo, no nos presagian nuevos tiempos cómodos. Obviando la certeza capitalista del valor en función de la posesión, es decir, de una de las lacras implícitas en el sistema político-social más grande del siglo XX, nos damos cuenta de que no estamos tan lejos de las historias para no dormir que estrenaban Fritz Lang, Ridley Scott o Richard Fleischer durante el siglo pasado.
¿Un futuro posible?
El miedo de la sociedad en la Era Atómica, fruto del más dramático pasaje de la Historia, sirvió de pulsión para construir una jerarquía gubernamental fuerte y para las personas. A día de hoy, los conglomerados tecnológico-sociales nos tienen lo suficientemente entretenidos apelando a la imagen, que somos nosotros mismos los que les facilitamos el control y la vigilancia de nuestro día a día, ajenos al peligro, a la pérdida de ciertas libertades si queremos formar parte del presente.
Por ello, creemos que es un buen momento para repasar qué películas nos hicieron sentir que el futuro de la sociedad estaría enfangado por la propia naturaleza del ser humano, perdido entre la falta de libertad y el sometimiento del sistema . Son todos los que están pero no están todos los que son, así que ya sabes lector, si notas que falta alguna, aprovecha y deja tu impresión.