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'Spider-Man 2', la mejor aportación de Sam Raimi al cine de superhéroes

Jesús Márquez + Martes 12 marzo 2013

Bryan Singer marcó el inicio de las andaduras de los superhéroes por este siglo. La 'X-Men' de Singer, pese a dar cierto protagonismo al carismático Lobezno de Hugh Jackman, era una película coral con una estructura bien diferente a lo que Sam Raimi estaba preparando para 'Spider-Man'. De hecho, fue esta última la que acabó creando en 2002 el modelo a seguir por la casi absoluta mayoría de pelis de superhéroes que llegaron en los siguientes años. El tremendo éxito de 'Spider-Man' consiguió que los estudios se empeñasen en contar el origen de todos aquellos ídolos de cómic que llevaban a la gran pantalla: lo que funciona, funciona; mejor no cambiarlo.

Sin embargo, narrativamente hablando, hay algo que funciona aún mejor que los orígenes de un superhéroe: su siguiente aventura. Si 'X-Men' y 'Spider-Man' tienen algo en común es el lastre de tener que contar cómo Lobezno se une a los X-Men y cómo Peter Parker se convierte en Spider-Man. Cada uno a su manera lo consigue de una forma efectiva, pero como historia es más interesante ver a Lobezno lidiar con el hecho de compartir vida con otros mutantes y a Peter con el peso de ser un superhéroe, que saber cómo llegaron a esa situación en primer lugar. Esto ya posiciona a 'Spider-Man 2' en un lugar privilegiado, pero son otras razones las que la convierten en una de las mejores películas de este emergente género.

Spider-Man en el ascensor

Dos de tres

Tras un buen comienzo, la trilogía Spider-Man de Raimi alcanza su punto álgido con la segunda parte, para varios años más tarde dejar caer una mediocre tercera entrega con enemigos muy poco inspirados y una trama que no se encamina hacia ninguna parte. En cualquier caso, la que hoy nos ocupa, la estupendísima 'Spider-Man 2', supo lucir el potencial de tener a un director como Sam Raimi en la dirección.

El cineasta responsable de la trilogía 'Evil Dead' ha trabajado en títulos de terror, drama e incluso western. Todo un titán. Con la propia 'Posesión infernal' pasó del ya mencionado terror a un híbrido con la comedia slapstick en 'Terroríficamente muertos' y cerró el ciclo con una comedia de aventuras en 'El ejercito de las tinieblas'. Es curioso cómo muchos elementos de estos géneros son visibles en 'Spider-Man 2': la escena de Alfred Molina "convirtiéndose" en el Doctor Octopus es puro terror, con un homenaje al arma favorita del personaje de Bruce Campbell en 'Evil Dead' incluido; la hilarante sucesión de golpes que recibe Peter Parker durante la primera mitad de la película es un ilustrativo ejemplo de slapstick; y la magnífica escena que acompaña Raindrops Keep Falling on My Head es también esencialmente comedia, muy ligada con lo físico y aprovechando la destreza de Raimi con la cámara.

Podría parecer a priori que este revoltijo se puede tornar un tanto artificial o inconexo, pero se siente como natural y fluido dentro del tono de historieta que posee el film. No llega a ser totalmente caricaturesco y está repleto de escenas emocionales, pero el desenfado y la exageración le vienen como un guante a una película que es toda diversión. Hay que admitir que se hace un pelín pesada la trama de Mary Jane, pero no deja de ser el motor de gran parte de la historia y a la que 'Spider-Man 2' acaba otorgando más importancia; motor que más allá del empalagamiento no funciona mal.

Doctor Octopus en 'Spider-Man 2'

Lo mejor viene de la mano de un apoteósico Alfred Molina y su Doctor Octopus; quien consigue que la sombra del también alucinante Willem Dafoe, villano de la primera entrega, no oculte ni una sola de sus virtudes. La trama de Rosemary Ann Harris es todo un amor y la tía May enternece a cualquiera, Tobey Maguire funciona estupendamente como perdedor; pero Kirsten Dunst y su Mary Jane, aunque menos cargante que en la primera o tercera entrega, palidece ante la potencia de Molina en pantalla.

El libreto de la película consigue equilibrar con acierto todas las subtramas con la principal, aunque no con el completo éxito que uno cabría esperar de esta afirmación. Su desequilibrio viene más porque algunas historias son más interesantes que otras, que por el hecho de que se dedique demasiado tiempo en alguna concreta. Aún con todo, está lejos de la terrible dispersión del argumento que luce la posterior 'Spider-Man 3', resultando en un guion que, aún sin sorpresas de ningún tipo, es mucho más redondo en todos los sentidos.

Por tanto, tenemos un guion que es simple, sin insultar a la inteligencia de nadie. No le va la épica, sin ser tampoco un relato minimalista. Y, no obstante, tampoco necesita nada de eso. 'Spider-Man 2' no es 'El caballero oscuro: La leyenda renace', ni desea serlo. Son dos tipos de cine completamente diferentes, pese a pertenecer, en cierto modo, al mismo género. Sin ser esto ningún tipo de crítica al cine de Christopher Nolan, lo que hace Sam Raimi es igual de admirable: no desea otorgar una profundidad que no cuaje con su historia; Spider-Man es un superhéroe ficticio que con ropa ajustada desea salvar Nueva York, y no es necesario traerlo al plano tangible para que sea disfrutable: sus pretensiones son otras, igual de satisfactorias o más.

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