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De viajes va la cosa en una nueva jornada del Festival de San Sebastián

Adrián Peña Miércoles 25 septiembre 2013

Equipo de 'Vivir es fácil con los ojos cerrados'
Curioso que las tres películas que ayer se presentaron en el Zinemaldia tengan un viaje como punto de conexión. Tanto en 'Vivir es fácil con los ojos cerrados' de Vivir es fácil con los ojos cerrados como en 'Una cuestión de tiempo' de Richard Curtis y en 'Un largo viaje' de Jonathan Teplitzky, los protagonistas realizan un viaje vital de gran importancia en la historia.

David Trueba ha vivido durante gran parte de su carrera cinematográfica a la sombra de su hermano Fernando. Una sombra que cada vez se iba haciendo más pequeña con cada película que estrenaba. Con 'Madrid 1987' nos ofreció una de las mejores películas españolas del 2011 y, con 'Vivir es fácil con los ojos cerrados' demuestra que puede estar en la primera división del cine español. La película es una dulce road movie que va directa al corazón. Ambientada la España del 1966 cuando John Lennon visitó Almería, un profesor de inglés emprende un viaje para conocer al miembro de los Beatles que idolatra y, a mitad de camino, se encuentra a un chaval de 16 años que se ha fugado de casa y una joven de 21 que está embarazada que deciden acompañarle en esta aventura.

Trueba, un superdotado de la palabra (también escribe novelas), teje un relato con alma que ejecuta con una ternura tan contagiosa como conmovedora es la interpretación de un Javier Cámara que va a poner en duros aprietos a Jim Broadbent en la carrera por el premio a Mejor Actor del Festival. 'Vivir es fácil con los ojos cerrados', que es la frase de la primera estrofa de la canción que Lennon compuso en su visita a Almería, es una agradable sorpresa que, además, posee un bonito mensaje: lo importante en la vida no es si consigues o no alcanzar tus sueños, sino lo que aprendes por el camino. Preciosa.

Javier Cámara en el Festival de San Sebastián

Todo aquel que haya visto 'Love Actually' sabrá que Richard Curtis es un cineasta de ideas muy conservadoras y muy dado a las historias románticas almibaradas pero hechas con mucha magia. 'Una cuestión de tiempo' es una celebración a lo grande de todo su cine y, como antes comentaba, aquí el viaje que el protagonista realiza no es para nada convencional. Tim, un joven inglés pelirrojo, descubre que los hombres de su familia pueden viajar en el tiempo cuando su padre le confiesa el secreto al cumplir los 21 años. Con este punto de partida podría parecer que se trata de una película de ciencia ficción pero, la verdad, es que ese elemento fantástico simplemente es utilizado como metáfora para aborda todas las temáticas que Curtis ha ido repitiendo en su filmografía. La importancia de la unidad familiar y el la fortificación de los lazos paterno-filiales, el significado que implica a nivel social el matrimonio y el amor en su visión más cinematográficamente romanticona como motor de nuestras vidas se citan en 'Una cuestión de tiempo' de una manera luminosa, mágica y fresca. El filme empieza como una rom-com ingeniosa e hilarante a ritmo de una selección de temazos pop de lo más kitsch (Sugarbabes, t.a.T.u o Nelly, por ejemplo) y acaba en un drama con ligeros toques de humor de lo más sensibleros pero enternecedores por el gran apego que le tienes a los personajes. Así, Curtis enarbola con orgullo su conservadurismo y sentimentalismo en una historia sobre cómo aprendemos de nuestros errores a lo largo de nuestras vidas. Sin lugar a dudas, su mejor película hasta la fecha.

Firth y Kidman descarrilan

Finalmente, la tercera película de este tríptico de viajes no pudo ser más decepcionante. 'Un largo viaje' de Jonathan Teplitzky parte con un material de primera como es un reparto encabezado por dos genios de la interpretación como son Colin Firth y Nicole Kidman y una historia sobre la reconciliación de un hombre con los fantasmas de su pasado, y lo desaprovecha en una ejecución de manual y anémica a nivel emocional. Un oficial del Ejército Británico fue capturado por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Durante su cautiverio es obligado junto a otros presos a construir una línea de ferrocarril entre Birmania y Thailandia donde sufrirá vejaciones y torturas que le dejarán huella de por vida. Una vez pasado 40 años, el ex-oficial es incapaz de lidiar con sus recuerdos y su honor maltrecho mientras convive con su esposa, así que, una vez le sea revelada una información muy importante, decidirá emprender un viaje hacia su pasado en busca de respuestas o, quizás, venganza. Temas como los horrores de la guerra, las secuelas que causan a los soldados de ambos bandos y el perdón, son tratados de una manera tan superficial que resulta incapaz interesarse por una historia que está, literalmente, muerta.

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