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'Boyhood (Momentos de una vida)': Mason somos todos

Jesús Agudo Martes 09 septiembre 2014

Cuando era pequeño, mi padre decidió comprarse una cámara de vídeo para poder grabar cada pequeño paso de su hijo. Gracias a esa inocente iniciativa, han sido varias las veces que me he puesto alguna de esas cápsulas con recuerdos tan simples como importantes de mis primeros años de vida. Y cada vez que los veo se me hace un nudo en la garganta al pensar en el tiempo que ha ido pasando. Pero es lógico que me emocione, al fin y al cabo es mi propia vida. Por eso, considero que lo que ha conseguido Richard Linklater con 'Boyhood (Momentos de una vida)' debería ser digno de estudio. Porque no es una película sobre mi vida, ni sobre la de nadie que conozca. Pero, en el fondo, es la película de todos nosotros.

Boyhood (Momentos de una vida)

El director que me enamoró con su trilogía iniciada con 'Antes del amanecer' quiso demostrar que tiene muy buenas ideas todavía en la cabeza, y las ha tenido desde hace mucho tiempo. Doce años, concretamente, que es el tiempo que ha pasado desde que decidió poner a un niño cualquiera delante de la cámara y grabar, año tras año, momentos ficticios de unos años tan cruciales para cualquier persona como son de los 6 a los 18 años. El resultado es un homenaje tan grande al pasado, a los recuerdos, a la familia y a los amigos, a la propia vida, que no puedo hacer otra cosa que quitarme el sombrero. Es, sin lugar a dudas, una de las películas imprescindibles del año.

'Boyhood' consigue ser especial por muchas razones. La primera, porque mantiene ese toque cotidiano, simple, que ya tenía su elogiada trilogía. Aunque a algunos Jesse y Celine les resultarían quizás demasiado pedantes, Mason (Ellar Coltrane) y su historia es tan típica como la de cualquier hijo de vecino. Y ese es uno de los grandes secretos de la película. A través de sus propias vivencias, carentes de espectacularidad o de ciencia ficción, poco a poco va englobándonos a todos los espectadores, convirtiendo su historia en nuestra historia. Todos los que hayamos nacido en el seno de una típica familia de clase media nos encontraremos, en algún momento, pensando: "eso también lo he vivido yo". Pero no se puede tachar a Linklater de simple, 'Boyhood' convierte una infancia como cualquier otra en uno de los mejores estudios sociológicos que hayamos podido ver en una sala de cine. Con su toque dramático, sí, pero de un realismo apabullante.

Boyhood (Momentos de una vida)
La película no señala en ningún momento en qué año de la vida de Mason estamos, más allá de los cambios físicos o el corte de pelo y la ropa de los personajes. Las "transformaciones" pasarán por delante nuestro de forma inesperada, llevándonos por un viaje de casi tres horas que no resulta nada pesado, en gran medida gracias a todos los guiños nostálgicos y una selección musical tan bien escogida que la veremos "crecer" a la vez que Mason. Los que estemos más cerca de la generación a la que pertenece Mason notaremos una conexión incluso mayor, porque probablemente sus canciones también nos habrán marcado a nosotros, o habremos sido de los que también estábamos delante de una librería haciendo cola para comprar el último libro de 'Harry Potter'. Cada año está centrado en unos pocos recuerdos, casi siempre un momento concreto de la vida del protagonista, que sirve como ejemplo de que muchos de los sucesos más inocentes de nuestras vidas son los que más poso dejan, los que nos van formando la personalidad que tendremos de adultos o cómo no relacionaremos con la gente de nuestro alrededor. Descubrir si una pelea con su hermana mayor, una conversación trascendental con su padre, una fiesta en casa de un vecino o una pelea con el novio de su madre van a ser determinantes para el crecimiento de Mason, esa será la aventura que nos depara Linklater. Tan sencilla como realmente abrumadora. El director incide sobre todo en el personaje de Patricia Arquette, la madre de Mason, y la relación que fragua con ella, cómo se ve afectado no solo por sus propios aciertos o errores, sino también por los de su madre.

A medida que pase el tiempo y veamos crecer a Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke y demás miembros de esta familia, iremos entendiendo más y más que estamos presenciando pura magia cinematográfica, uno de los mayores ejemplos de que el cine permite cualquier cosa, incluso que doce años se condensen en 165 minutos. Sabremos que nos encontramos ante un ejercicio de grandeza cuando pensemos, al salir, en la magnitud de todo lo que acabamos de ver. Yo por lo menos me vi sobrecogido al pensar en la cantidad de cosas que habían pasado por mis ojos en tan poco tiempo, y en la trascendencia de ellas. Ya no solo en lo físico, sino en ver cómo todos los personajes de la historia iban cambiando también psicológicamente, sin prisa pero sin pausa. Incluso se nota la evolución en la interpretación de los actores, e incluso en la dirección del propio Linklater, con cada vez más experiencia a sus espaldas.

El falso retrato de la vida más real

Son doce años. No suena a mucho, pero en realidad son posiblemente los doce años más importantes y especiales de cualquier persona, la infancia e inicio de la juventud. Y son seguramente los doce años más importantes de Richard Linklater, que ha demostrado de nuevo una sensibilidad especial para hacer que lo cotidiano sea conmovedor. No ha necesitado más que crear una familia ficticia, con sus alegrías y sus penas más ficticias, para presentar una película que, tanto como reto de estilo como por su carga emotiva, puede ser considerada sin tapujos como historia reciente del cine. No puedo evitar recordar la sensación que tuve al ver 'Toy Story 3'. Ninguno somos Andy, pero en realidad lo somos todos. Tampoco somos Mason, ni siquiera Ellar Coltrane lo es, solo es un actor haciendo de Mason. Pero al ver su historia también sentí en algunos momentos ese nudo en la garganta que me sale cuando veo los vídeos que grabó mi padre a lo largo de mi infancia. No soy Mason, pero en realidad sí lo soy un poquito. Y tú. Y muchos de vosotros. Ese es el mayor elogio que se pueden llevar 'Boyhood' y su padre con la cámara de vídeo. Un padre falso para una historia falsa, pero con un talento, una creatividad, una valentía y un amor de lo más reales.

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