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Andrew Niccol clausura la Sección Oficial de la Mostra de Venecia y James Franco adapta a Faulkner

Adrián Peña Viernes 05 septiembre 2014

La Mostra llega a su fin. Hoy a las 9 de la mañana hemos asistido a la última proyección de la Sección Oficial que ha venido de la mano de 'Good Kill', el filme de Andrew Niccol, una historia sobre un oficial del ejército (Ethan Hawke) encargado de pilotar los drones que, desde una base militar ubicada en Las Vegas, neutralizan a las supuestas amenazas estadounidenses que hay en Afganistán.

El equipo de Good Kill en la Mostra de Venecia

El filme, fuertemente abucheado al final de la proyección, empaña lo que podría haber sido un buen filme bélico sobre un tema que es de rabiosa actualidad (los bombardeos de Israel) con una sobrecarga de moralina norteamericana sobre las complejas decisiones que se toman en una guerra. Andrew Niccol parece confirmar una vez más que es un director con excelentes ideas, muy buenos planteamientos y mediocres desarrollos. En este caso, el punto de partida de 'Good Kill' no podía ser más prometedor: una sociedad alienada donde la guerra es representada como un videojuego en el que las decisiones se toman desde un "manos libres" y se ejecutan con un joystik a 11.000 kilómetros de la zona de combate.

A partir de ahí, en lugar de hacer un acercamiento cerebral a la guerra como el cine bélico de Kathryn Bigelow, el filme vira constantemente hacia insulsas subtramas con turbios fundamentos (el resquebrajamiento de la relación matrimonial), apunta otras directamente inoportunas (el sutil flirteo con la compañera de trabajo) y acaba justificando su conservador discurso final con un giro de guión de dudosa honradez.

James Franco y Faulkner

Por otra parte, el evento más mediático del día ha sido la entrega del premio "Jaeger-LeCoultre Gory to the Filmmaker" a James Franco por el conjunto de su carrera. El afamado actor, recientemente reconvertido en artista multidisciplinar (actúa, dirige, escribe, da clases...), lleva dos años elaborando una carrera como cineasta con proyectos muy personales en los que adapta obras literarias de autores a los que adora. Ya lo ha confesado en la rueda de prensa que ha tenido lugar esta mañana, "he hecho blockbusters de éxito y he salido en películas realmente malas, por eso, como cineasta, sólo dirijo las películas que me gustaría ver".

En esta ocasión ha llevado a la gran pantalla la novela homónima de William Faulkner que tanto adora llamada 'The Sound and the Fury'. El filme, dividido en tres capítulos, se centra en una conservadora familia del Sur de los estados Unidos que está atravesando una grave crisis financiera y emocional. Franco no sólo ha adaptado la historia, sino que también ha trasladado la serpenteante narrativa del poeta estadounidense mediante una dirección luminosa a la vez que elegíaca que evoca constantemente a Terrence Malick, debidamente acompañada de una ceremoniosa voz en off del padre de la familia recitando la prosa de Faulkner.

La película es excesivamente solemne y desquiciantemente errática, encontrando su mayor pero en la grotesca y surrealista caracterización del propio James Franco como deficiente mental, pero se trata de un cine visceral, hecho con las entrañas sin miedo al error. Un cine libre de ataduras y hecho entre amigos que desprende una gran admiración por el material que está adaptando y, eso, es algo que no todos los cineastas pueden conseguir.

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