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La crisis del cine más allá de su fiesta

Jorge R. Tadeo 02 noviembre 2014

La edición otoñal de la Fiesta del Cine ha resultado un nuevo éxito, logrando cifras récord de espectadores en las salas españolas con más de 2.100.000 de entradas vendidas en tan solo tres días. Más allá de cierta euforia en la lectura apresurada de los datos y de análisis precipitados que apuntan al precio de la entrada como único causante de la crisis de las multisalas, intentaremos a continuación aportar ciertas claves que maticen algunos comentarios e impresiones que hemos leído en las redes sociales ante el incontestable éxito de la promoción, ya que entre el clamor popular que arremete de manera entendible contra los precios del cine, a veces se echa de menos un análisis más profundo o un balance más ajustado a la realidad.

La Fiesta del Cine multiplica el número de espectadores de lunes a miércoles, pero también deja los fines de semana colindantes en unas cifras que se encuentran entre lo más bajo del año, puesto que 'traslada' el consumo de cine a los días de descuento. Además, el precio se reduce en ocasiones a un tercio del original, por lo que tres espectadores de fiesta del cine equivalen a un espectador de precio estándar: con lo que esos dos millones equivaldrían a unos 700.000 espectadores fuera de promoción. Al final los datos vienen aproximadamente a doblar los ingresos de las salas en los días promocionados, pero esos beneficios extra se ven mitigados por el descenso de recaudación en los festivos aledaños.

La crisis del cine más allá de su fiesta

Por otra parte y ante la insistencia del público en que estos precios reducidos se perpetúen como remedio a la crisis de espectadores, cualquier analista económico o experto en marketing respondería que el efecto de las promociones tiene alcance limitado y sobre todo fecha de caducidad, como demuestran los 'Miércoles al Cine' que levantaron una gran expectación cuando se anunciaron por tiempo limitado y pasan ya desapercibidos como un día del espectador corriente, una vez que el descuento se ha prorrogado indefinidamente. Además, cada vez más multisalas promueven tarifas planas, promociones para determinados grupos (estudiantes, jubilados...) o precios reducidos, pero el efecto de los mismos no despierta las pasiones de la 'Fiesta del Cine'.

El cine y el detergente

Es llamativo además pensar que un descuento de tres, cuatro o cinco euros en el precio de una entrada, lleve a cientos de miles de personas a consumir en masa un producto. Pensemos en un bien de precio similar, digamos el detergente. ¿Correrían en masa los españoles a hacer cola en los supermercados a causa de un descuento de 7,50 euros a 2,90 en el precio del paquete de Ariel? Lo dudo. ¿Qué es lo que explica el fenómeno entonces? En mi humilde opinión, dos factores. En primer lugar es clave la elasticidad de la demanda, que se muestra más sensible en el consumo de productos que no son de primera necesidad sino, como en este caso, de ocio. Esto es, el cambio en los precios hace variar la demanda en mayor medida de lo que fluctuarían en el caso de un descuento en un producto de consumo necesario. Parece lógico: "solo voy al cine, si su precio me resulta atractivo". Más aún considerando la gran cantidad de sustitutivos que tiene el cine, esto es : televisión, DVD, Blu-Ray, streaming legal, streaming ilegal, Torrent... Todos sabemos de lo que hablo.

La crisis del cine más allá de su fiesta

En segundo lugar, y de manera incontestablemente decisiva, actúa una de las cinco 'P' sagradas del marketing. Y no, no es el precio, es la promoción. La 'Fiesta del Cine' no se publicita como una mera oferta de precios, se convierte gracias a una potente campaña de difusión en algo más que una oportunidad de ir al cine a un precio reducido: es un acontecimiento, un macroevento que todos sabemos que se celebra y que devuelve al acto de ir cine el cariz de ritual masivo que ha perdido en los últimos y que lo hace indudablemente más atractivo, independientemente del tipo de película por la que se opte (la vencedora de esta edición ha sido 'Drácula: La leyenda jamás contada', pero también el cine español ha tenido resultados excelentes).

Pero esto no es nuevo en la exhibición cinematográfica. Similar efecto en las taquillas tienen los festivales de cine que se celebran en muchas localidades de nuestro país. Ciudades medianas como Valladolid, San Sebastián o Gijón, ven sus salas abarrotadas para ver cine de autor y en versión original durante las semanas de certamen, pero su oferta de cine independiente durante el resto del año es escasa o nula, y cuando existe -casi siempre en filmotecas o centros culturales- no atrae al público de manera masiva. ¿Por qué? Porque esas proyecciones carecen del motor promocional que ponen en marcha los festivales, que de manera aún más marcada que la Fiesta del Cine, convierten el acto de ir al cine en un evento ineludible.

Distribución y otros males

Y ya que hablamos del poder de sugestión de los festivales, en los que influye el gran atractivo de ver cine en primicia, podemos apuntar a otro de los males endémicos de nuestros cines: la distribución. El incomprensible desfase con el que llegan a nuestro país muchos estrenos internacionales, hace perder el sentido de la inmediatez que tan bien comprenden los más cinéfilos, además de favorecer la proliferación de copias ilegales en la red, que incluso se encuentran en alta definición cuando el estreno en España llega una vez el film está disponible en formato doméstico en otras latitudes. Algo por desgracia muy habitual y que perjudica notablemente el rendimiento de determinados estrenos.

La crisis del cine más allá de su fiesta

Si apuntamos en concreto al cine español -que este año presentará datos excelentes pese a la reducción del número de producciones y a la ausencia de una adecuada ley de mecenazgo- Santiago Segura sugería estos días una reducción del precio del cine nacional como solución para hacerlo más competitivo. Otros hablaron antes de impuesto al doblaje, que obviamente beneficiaría a las proyecciones de habla hispana. Sin embargo, vuelve a parecernos simplista apuntar exclusivamente al precio. Volvamos a la tesis de la promoción: ¿qué ocurriría si simplemente los mecanismos promocionales de todos los estrenos patrios tuvieran la dimensión que le dan Atresmedia o Telecino Cinema a sus grandes estrenos? En este sentido, no se entiende que RTVE no genere campañas de promoción fuertes para los estrenos nacionales, o en concreto para las decenas de estrenos en cuya producción participa. No será desde luego por falta de medios o espacio en las parrillas...

En definitiva, aún reconociendo que el precio de las multisalas es a menudo abusivo y prohibitivo para determinados bolsillos en nuestro país, celebramos la llegada de la 'Fiesta del Cine' no solo como una oportunidad para que los espectadores disfruten del cine a precios ajustados, sino sobre todo por su capacidad de convertir el hecho de ir al cine en un acontecimiento, promoviendo el sano hábito de acudir a las salas para que el público que las había abandonado por sus imperfectos sustitutivos, recuerde la incomparable magia de la gran pantalla y la sala oscura.

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