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Rodaje de la secuela de 'Ocho apellidos vascos': Bienvenidos a la República independiente de Catalunya

Jesús Agudo Viernes 29 mayo 2015

Agazapados en una esquina, vemos a un hombre vestido con pantalones cortos, una camisa estridente, tupé y mucha barba subir las escaleras. Un hipster en toda regla se acerca al piso de arriba. Nuestra sorpresa es gorda cuando nos damos cuenta de que ese hipster con acentazo catalán no es otro que Berto Romero. Él es una de las novedades de la que ya es una de las películas más esperadas del cine español, y una de las más arriesgadas: la secuela de 'Ocho apellidos vascos'.

Equipo de la secuela de Ocho Apellidos Vascos

Debió de ser dura la reunión de Emilio Martínez Lázaro con la gente de Telecinco Cinema para hablar de la segunda entrega de la película española más taquillera de la historia. ¿Cómo superar 56,2 millones de euros de taquilla y un fenómeno de tal calibre que ha traspasado las fronteras de la gran pantalla y ha convertido las zonas del País Vasco en las que se rodó en reclamos turísticos? Para entrar ahora en la ermita casi desconocida de la primera parte hay que pedir la vez. Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset España, intentó tranquilizar al equipo con un rotundo "relajaos, hagáis lo que hagáis va a ser una mierda". Dejando las bromas a un lado, al menos por el momento, Vasile lo tiene claro: "Esta película será mejor", aunque no será tarea sencilla. Saben que es muy difícil superar lo que supuso 'Ocho apellidos vascos', pero están poniendo toda la carne en el asador para hacer justicia al "fenómeno".

Nos lo demuestran llevándonos a la provincia de Girona, escenario principal de la secuela, que todavía no tiene título oficial. Allí nos trasladamos a una masía del siglo XII que lleva perteneciendo a la misma familia desde entonces, eso también debe de ser de récord. Por fuera es una imponente casa de pueblo, rodeada de campo y con media pared tapada con enredaderas; una bandera estelada corona el tejado (escogieron Girona por ser el principal núcleo catalanista, como es el caso de Guipúzcoa en la primera parte). Por dentro vemos un hall señorial, que mezcla las típicas antiguallas que tendría una persona mayor con cuadros contemporáneos y carteles vintage de Anís del Mono. Una claraboya con vidrieras de flores corona el techo y, al terminar las escaleras, vemos un balconcito con arcos, desde donde vimos grabar una escena.

Poca información pudimos sacar de ahí, pero al menos por fin conocemos la trama principal. Además de conocer al Pau y la Judit, los personajes de Berto Romero y Belén Cuesta, nos reencontramos con Rafa, Amaia y Koldo, más conocidos como Dani Rovira, Clara Lago y Karra Elejalde (Carmen Machi no pudo asistir por tener función en Madrid, pero estará en la secuela). El primero parece haber vuelto al look de señorito andaluz, con unos pantalones cortos muy, pero que muy ceñidos. La segunda vuelve a lucir muy mala leche, algo lógico teniendo en cuenta que no se esperaba que su padre y su ex novio en la ficción viajaran hasta allí para intentar que ella deje a su nuevo novio catalán y vuelva con Rafa. "Eso es muy de España, ¿qué hay más español que una Reconquista?", bromeaba Rovira. A la que no vemos es a Rosa María Sardà, aunque intuimos que es a la que el personaje de Belén Cuesta se refiere como "el alma de la casa". Interpreta a Roser, que junto a Pau forma un par de "personajes solitarios", como nos lo describía la propia actriz momentos después. Roser, según dice Belén Cuesta, quiere mucho a Judit pero no sabemos qué pinta Judit en todo esto. Mucho secretismo alrededor de la trama y los nuevos personajes, pero todo el equipo coinciden en que es mejor que el espectador vaya con la menor información posible a los cines cuando se estrene, porque saben que el gran elemento sorpresa lo perdieron al ser una secuela.

Set de rodaje de la secuela de Ocho apellidos vascos

"Tenemos que competir con el recuerdo de la primera", explicaba Gonzalo Salazar-Simpson, de LaZona, productora de la cinta junto con Telecinco Cinema. Podríamos decir que reina el escepticismo en el rodaje porque se enfrentan a sí mismos, a la película que logró desbancar a 'Titanic' (aunque no a 'Avatar'). "Está estará más perfeccionada, más elaborada y tendrá más presupuesto, principalmente porque los actores después del éxito de la primera valen objetivamente mucho más", dijo Vasile. En el rodaje nos explican, por ejemplo, que han tenido casi el mismo número de extras que una superproducción como la futura 'Palmeras en la nieve'. Dinero tienen, pero, ¿ideas? "No pretendemos trasladar el formato de la primera a Cataluña". De hecho, no supieron de primeras dónde iban a llevar a los protagonistas esta segunda vez hasta tiempo después de iniciar la preparación de la secuela; Bilbao, por ejemplo, fue otra de las localizaciones pensadas. Finalmente se impuso la jugosa idea de realizar otra "comedia conciliadora" como llama Vasile a 'Ocho apellidos vascos'.

"'Ocho apellidos vascos' fue una película terapéutica para Euskadi"

Porque si los protagonistas tienen que destacar algo positivo de su primera aventura, además de formar la que ellos llaman como Pequeña Compañía de Teatro 'Ocho Apellidos', es la capacidad de crear una película que rompiera estereotipos utilizando estereotipos: "Para Euskadi fue una película cauterizante, cicatrizante, terapéutica, maravillosa", explica Karra Elejalde, que recordaba que los rodajes tuvieron lugar en alcaldías de Bildu y fueron todo ayudas y ninguna queja. De hecho, les agradecieron luego que la película haya ayudado tanto después a romper con ciertos prejuicios. ¿Estarán los catalanes dispuestos a reírse de sí mismos tanto como los vascos? "Somos un pueblo que pone a un señor haciendo de vientre al lado del Jesús en la representación de la Navidad, desde que hicimos eso está todo claro", argumentaba Berto Romero para explicar que, a diferencia de lo que muchos creen, los catalanes tienen sentido del humor. "No te fíes nunca de alguien que no tiene sentido del humor", añadía Rosa María Sardà. Aunque el independentismo sea quizás un tema muy peliagudo, "menos estaba el horno para bollos con la izquierda abertzale", recordaba Elejalde. Todo el equipo recuerda que nunca han buscado la burla, pero si alguien se siente ofendido, "no nos importa nada", zanjaba Emilio Martínez Lázaro.

Prepárense, pues, para sardanas y castellers. "Yo soy la 'enchineta'", aseguraba en broma Rovira, refiriéndose a la enxaneta, puesto más alto de la torre humana, "es una escena muy 'Matrix', muy conceptual, no se si la entenderéis". En eso se estará tirando un farol, pero castellers habrá. Y una plaza Pep Guardiola, un guiño salido de la mente de Borja Cobeaga y Diego San José, que repiten como guionistas. En el segmento catalán conoceremos también a dos mossos d'esquadra, a un alcalde... Nuevos personajes que intentarán dar frescura a esta segunda parte, cuyo rodaje se extenderá durante cinco semanas en Girona, pasando por Monells, Llagostera el castillo de Vullpellach o el barrio judío de la capital, pero que también pasará por Sevilla y Madrid, con una escena en la reconocible estación de Atocha. Y también han vuelto a Argoitia, el pueblo ficticio donde transcurría la primera parte. Karra Elejalde, que lleva dieciséis años viviendo en Cataluña, destaca que los catalanes quieren a los vascos "más que a la mayoría, por los sentimientos patrios y estas cosas, nuestras cosas ancestrales, pretéritas al Pleistoceno, que nos son comunes y que nos hacen más amigos que respecto a otras comunidades", así que veremos si esa "química" vuelve a saltar en la pantalla como lo hizo con andaluces y vascos.

Nueva ilusión para el cine español

Lo importante, como remarcó el actor, es crear una película "que tienda puentes y no cree abismos". Todo el equipo quedó muy satisfecho con la recepción del público hacia la primera parte, con lo bien que se tomaron las bromas y los tópicos, y están convencidos de que volverá a ocurrir con la inclusión de los catalanes. Paolo Vasile ha querido con esta secuela que "nadie pueda decir que se han aprovechado de la primera parte para engañarnos con la segunda". Dani Rovira se puso más romántico, y afirmó que le encantaría que volviera a surgir la magia con esta entrega, ese poder que tuvo la primera parte de romper la barrera entre el cine español y el espectador español, que consiguió que "volviera la ilusión de hacer cine español". Cierto es que desde 'Ocho apellidos vascos' no ha habido otro pelotazo igual, pero hay películas que han hecho datos que ninguno podría haber soñado hace unos años. Esa ilusión nos lleva ahora a Cataluña, no sabemos cuándo porque Emilio Martínez Lázaro afirma que no hay prisa, prefieren estar a la altura de las expectativas que hacerlo a toda carrera, así que no hay fecha de estreno decidida. Tampoco piensan en una futurible tercera parte. Paso a paso. Lo primordial ahora es que quede una película "medianamente divertida" y "que refleje lo bonito de donde estamos", como comentaba su director, viendo cómo ha sido la primera un trampolín turístico para País Vasco. No serán pocos los espectadores que estarán deseando que así sea.

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