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'Los odiosos ocho': Amigo Tarantino

Pedro G. Alberdi Jueves 14 enero 2016

Para muchos uno de los cineastas de su generación, Quentin Tarantino ha alcanzado el estatus de director de culto, de enfant terrible de Hollywood desinteresado de tu aprobación, consagrado solo a sus personales historias. Es una perogrullada, pero voy a decirlo: a Tarantino o le amas o le odias, y con esta película probablemente no provoque muchas deserciones en uno u otro bando. Los que lo idolatran seguirán haciéndolo, los que lo detesten no cambiarán de parecer. Podría recomendarse esta película a aquel que todavía no se haya adentrado en su obra; como carta de presentación es idónea en la medida en que aúna los elementos más representativos de su estilo. Ahora bien, si te encuentras entre los que encuentran 'Pulp Fiction' petulante, reniegas de la brutalidad de 'Kill Bill' o te aburriste soberanamente con 'Django desencadenado', mantente alejado de 'Los odiosos ocho'. Respeto tu negativa, pero ten presente que estás renunciado a una de las pocas experiencias puramente cinematográficas que el degradado séptimo arte todavía puede ofrecernos.

Y es que 'Los odiosos ocho' es eso: una apasionada carta de amor al cine, igual que lo fueron las anteriores películas del genial director. Plagadas de sus famosos homenajes o guiños (a veces considerados despectivamente plagios), un verdadero amante del cine no podrá resistirse al atractivo ingeniosamente construido de sus historias. Es precisamente en su tono ligeramente artificial y autoconsciente dónde el espectador hallará mayor deleite.

 Samuel L. Jackson

"La octava película de Quentin Tarantino". Con esta inscripción se abre la película; rematadamente pretenciosa, incontestablemente emocionante. Uno se revuelve en el asiento ansioso por lo que se avecina. Una sonrisa ladeada se dibuja involuntariamente en el rostro deslumbrado. Parece que Tarantino le está hablando directamente a uno, con la complicidad fanfarrona de un colega que está a punto de realizar una gamberrada para nuestro disfrute. Las majestuosas notas de la leyenda de la música Ennio Morricone comienzan a sonar mientras que unas tomas de un Wyoming blanco incandescente ciegan al espectador. Una diligencia se abre paso entre la nieve hostigada por una colérica tormenta, pero en su camino se interpone la figura tranquila de un hombre, fumando despreocupadamente sobre tres cadáveres en avanzado estado de congelación. Se trata del comandante Marquis Warren (Samuel L. Jackson), quien asegura haber agotado su caballo hasta la muerte y solicita una plaza en el carruaje. Por suerte para él, uno de los dos pasajeros lo conoce y podrá unirse al viaje. Este viejo conocido es John Ruth (Kurt Russell), un cazarrecompensas que está de camino a llevar a la horca a Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh). La tormenta sin embargo no les permitirá llegar muy lejos, y se verán obligados a refugiarse en una cabaña en mitad de la nada, dónde da la casualidad de que también han encontrado cobijo cinco indeseables. Así, el grupo de ocho odiosos quedará constituido, configurando un casting de primera división:Tim Roth, Walton Goggins, Bruce Dern, Michael Madsen y Demián Bichir. Semejante reparto ya vale el precio de la entrada.

El amor al detalle

Naturalmente no es el reparto lo único encomiable de la cinta. Como es habitual en el cine del director de Knoxville cada pequeño detalle está cuidado al máximo para ofrecer una experiencia única, empezando por el guión. Ya es por todos conocido que uno de los elementos más reconocibles del cine de Tarantino son sus guiones, en los que destacan esos diálogos inigualables que suponen un regalo para cualquier actor. Desde el inicio de la película uno de los placeres del visionado radica en escuchar a esos estupendos actores declamar sus diálogos, a los que se les podría reprochar ser demasiado literarios o recrearse excesivamente, pero que en definitiva rebosan magnetismo.

La dirección de Tarantino ya ha cosechado innumerables alabanzas, y no será esta la película que rompa la tendencia. Tarantino demuestra sus infinitas virtudes como narrador en una película de casi tres horas de duración en la que el suspense está siempre mantenido, y en la que el espectador apenas repara en el discurrir del tiempo. La película exprime sus recursos al máximo, y en una localización relativamente pequeña como la que acoge el 90% del metraje, es sorprendente ver la cantidad de planos, de movimientos de cámara y de estrategias empleadas para relatar la historia.

 Walton Gogins

En el plano interpretativo encuentro especialmente destacable el recital de Samuel L. Jackson, actor que en esta película está en estado de gracia y que se beneficia, todo hay que decirlo, del irresistible personaje ideado por Tarantino. Jennifer Jason Leigh está estupenda, aunque su actuación no me sorprendió tanto como las entusiastas reseñas de su trabajo me habían hecho esperar. Walton Goggins es una maravilla inesperada, gracias también a un personaje que va creciendo por momentos y a una interpretación absolutamente comprometida. No estoy de acuerdo con los que sostienen que quien sale peor parado es Tim Roth, realizando una burda imitación del personaje de Christoph Waltz en 'Malditos bastardos', personaje que de hecho más tarde repitió el mismo actor en 'Django desencadenado'. A mi entender aquí el actor lo único que está haciendo es ceñirse a su personaje, que es uno por el que parece que Tarantino siente especial predilección y que es el mismo que ya le ha granjeado a Christoph Waltz dos Oscar. Que ya hayamos visto antes este personaje no es culpa de un correctísimo Tim Roth. El que me resulta más difícil de aceptar en la ecuación es Channing Tatum, al que en absoluto considero mal actor, pero que en esta película se siente especialmente desubicado.

Probablemente 'Los odiosos ocho' no sea la mejor película de Tarantino, pero ilustra el proceso de madurez que está atravesando el director, que aquí hace gala de un dominio maestro de los recursos del séptimo arte. Aunque en cierta medida podría considerarse como un remake de 'Reservoir Dogs', ambas películas son radicalmente diferentes, y esta, sin la brillantez de aquella, se siente más adulta y consistente. Esperemos que Tarantino no se retire después de su décima película, porque a juzgar por su última obra, su genialidad está afinándose en lugar de marchitarse.

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