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'Safari': El siniestro arte de la caza

Miguel Ángel Pizarro Viernes 17 marzo 2017

Ciertamente, es curioso que el mundo de la caza no haya sido retratado en forma de documental de manera objetiva y buscando el porqué hay gente que tiene la necesidad de matar animales. No es un tema fácil, más bien es muy espinoso. Para una tarea así el candidato ideal era el realizador austríaco Ulrich Seidl, con experiencia en mostrar sin ningún atisbo de parcialidad hechos que hablan por sí solos, como ocurre con 'Safari', mostrada fuera de competición en la 73ª edición del Festival de Venecia.

Safari

El cineasta acompaña a unos turistas de su mismo país a un viaje a África. Pero estos visitantes no vienen a disfrutar del clima, ni a conocer a sus gente o una cultura distinta, vienen a cazar, en busca de presas como cebras, jirafas o ñus. Seidl les preguntará por qué van a cazar, qué les motiva y también abordará el sustancioso negocio que hay detrás de la cacería en África.

El enfoque del cazador

Seidl divide el relato en varios temas, cual médico forense empieza a diseccionar un cadáver para buscar el motivo de la muerte. Primero intenta conocer las razones que les lleva a esta gente, europeos y de un nivel de vida medio-alto, a viajar hasta África para matar animales. El realizador no se implica emocionalmente, tampoco pretende realmente comprender sus intenciones, sólo se limita a conocer los deseos de los cazadores, provocando que sus declaraciones se justifiquen por sí solas.

Safari

De esa manera, Seidl crea un documental aséptico, en el mejor de los sentidos, y frío, en el que nunca juzgará el comportamiento de los entrevistados. De ahí, que 'Safari' sea un documental extraño y de una calidad cautivadora, en la línea de 'En el sótano' o su aclamada trilogía de ficción 'Paraíso (Fe, Amor y Esperanza)'. Cierto es que 'Safari' tiene una estructura más clara con un tema central, la cacería, pero, en esencia, el director trae esa incómoda atmósfera de sus anteriores trabajos, en los que se evidencia un turbio y certero relato de las perversiones propias de la humanidad.

Por ello, asusta la manera fehaciente en la que expone los argumentos de los cazadores. Pero Seidl va a más mostrando las armas más eficaces para abatir a animales, las justificaciones de los cazadores, cuyo convencimiento creerán un espeluznante ejercicio de empatía, lo que se siente al matar, lo que transmiten estas personas, el cómo se consigue dar algo de economía a un pueblo necesitado y explotado. Ahí también horroriza el ver cómo los cazadores europeos ven a los africanos y cómo los vestigios del colonialismo siguen estando muy presentes en la sociedad actual.

Las perversiones de la sociedad occidental

Esto también es importante, al mostrar, de manera directa y sin remilgos ni cordialidades, el claro racismo y los prejuicios de la cultura occidental y su nula intención por derribarlos. Pero Seidl no denuncia en ningún momento esas actitudes, las deja mostrarse libremente, de manera que la persona se manifieste tal cual es. De ahí, que también queden en la retina imágenes grotescas como el descuartizamiento de una jirafa o cómo se arranca la piel a una cebra, también se ve cómo los trabajadores africanos comen esa carne que el cazador desprecia. Incómoda y terriblemente real, es más, asusta porque lo que se ve está muy alejado de la ficción.

Safari

Con certera frialdad, Seidl crea un documental incómodo y extraordinario, rodado con penetrantes encuadres estáticos, muy difícil de valorar y que no está hecho para público trinchera, que se reafirmarán en opiniones a favor y en contra. 'Safari' muestra, cual espejo, la cara más perversa de la sociedad europea pero también de la propia humanidad, algo que existe y que resulta muy difícil de negar, al igual que evidencia que el colonialismo, el sentimiento paternalista y el prejuicio racista están mucho más presentes en la mente de lo que la propia sociedad cree. Un ejercicio cinematográfico hecho para un público crítico y que cuestionará su contenido, quizás minoritario para más necesario que nunca.

Nota: 8

Lo mejor: Sus imágenes estáticas y la representación de los cazadores.

Lo peor: No está hecho ni para defensores de la caza ni para animalistas.

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