'It' no debería frivolizar sobre los abusos sexuales

Berta F. del Castillo Jueves 14 septiembre 2017

¡Cuidado SPOILERS!

*Hablamos en profundidad de la reciente adaptación de la novela de Stephen King, 'It'.

He tenido mala suerte. Quiero pensar así. Quiero creer que el individuo que se sentaba a mi lado es una excepción, que la reacción generalizada no pasa por partirse de la risa mientras una niña se muere de miedo tratando de evitar los abusos sexuales de su padre. De nuevo, espero que fuese simplemente la mala suerte de caer sentada en una sala hasta los topes al lado del sujeto que reacciona de esa manera ante una escena que debería revolvernos completamente. ¿Lo hace? 'It' juega a arrojar todo tipo de estímulos al espectador y mezcla comedia, con terror, con asco absoluto, con pena... Y lo hace a un ritmo que no permite digerir todas las emociones. Total, que quizá mi desafortunado compañero de asiento simplemente no pudo pasar página tras la escena anterior.

 Sophia Lillis en 'It'

Esto es lo que ocurrió. Me planté en la sala motivada por el empuje social y la intriga cinéfila. Y es que siempre caigo en querer descubrir por mi misma si la taquilla se relaciona directamente con la calidad de la película y además me despiertan suma curiosidad las cintas que provocan opiniones tan opuestas en su público. Total que, sabedora de que el terror no es lo mío, y de que probablemente iba a pasar un miedo de aúpa, allá que fui, a ver al perturbador payaso que provoca pesadillas en tantos y deja fríos a muchos otros. Lo primero que experimenté fue sorpresa porque la cinta abraza un explícito sistema que no me esperaba. Y es que la historia comienza haciendo uso de la tensión más efectiva, la que atenaza porque no lo ves venir, conjugando los elementos de la mejor manera, jugando con la novedad, con el desconocimiento de un espectador que aún no sabe por donde van a ir los tiros... Con esa primera escena disfruté muchísimo y pensé: "será tan buena como dicen", pero los aplausos mentales se acabaron ahí.

Después la cosa se volvió confusa. Confusa porque Andy Muschietti y su equipo de guionistas (Chase Palmer, Cary Fukunaga, Gary Dauberman) decidieron abrazar un enfoque "comercial" que no es capaz de profundizar en los miedos de cada uno y los despoja de su trasfondo psicológico, convirtiéndolos en objetos cardados de efectos especiales. ¿El problema? Que nos puede dar por reír con la escena en la que Richie (Finn Wolfhard) se enfrenta a una habitación llena de payasos y de repente eso sienta un precedente para que a alguien le de por hacer lo mismo con un intento de violación. Mira no. En la película el tema está tan mal planteado que indigna, no solo porque tener miedo a los payasos y que tu padre te viole no es en ningún momento comparable, sino porque claramente en un intento de acercar la cinta al gran público, la parte psicológica les ha quedado realmente chapucera.

Jugando con la psique del espectador

Por supuesto y más que nunca en una cinta que arroja elementos sin desarrollarlos de manera efectiva y completa, las lecturas son más que infinitas. También soy consciente de que para mi, que sigo mirando a todos lados cuando vuelvo demasiado tarde por una calle demasiado oscura, ese terror levanta sensaciones especialmente intensas, pero se podría haber hecho de otra forma. En la novela, queda absolutamente claro que el padre de Beverly está poseído por Pennywise en ese momento, mientras que en la película perfectamente podría ese momento acabar archivado en el lado de lo "real".

¿Qué es verdad y qué está en la mente de los niños? Este juego se les va completamente de las manos haciendo incluso que el terror que inspira ese payaso tan perturbador pierda fuerza. Si bien puede resultar "interesante" dejar que cada espectador se monte su propia historia enlazando escenas y sus significados, no me parece que debiera hacerse jugando con un tema tan serio. Creo sinceramente que no debería existir ni el más mínimo margen que abra la puerta a frivolizar con una escena como esa. Para tratar el miedo de Beverly hace falta usar una delicadeza que brilla por su ausencia en esta cinta diseñada para alimentar a las masas.

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