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'Madre!': Aronofsky y Jennifer Lawrence nos dan un puñetazo en el estómago (y nos gusta)

Javi P. Martín Jueves 28 septiembre 2017

Hay una escena en el tercer acto de 'Madre!' en la que parece que Darren Aronofsky ha estado viendo todos esos tuits en los que las mujeres exponen el comportamiento hipócrita y cobarde de algunos hombres en mensajes privados: primero se insinúan, pasan a hacerles alguna proposición (quizá indecente) y, tras el rechazo, las agreden verbalmente con insultos y golpes bajos. Lo sufre en sus carnes Jennifer Lawrence, que sufre en sus carnes todo en 'Madre!', porque de eso va 'Madre!', de ver a Jennifer Lawrence sufrir.

'Madre!'

Pero claro, es que estamos en la séptima película del director de 'Réquiem por un sueño' y 'Cisne negro'. Y quizá porque siete son los pecados capitales, Aronofsky se nos pone teológico, entre otras cosas. ¿El objetivo último? Que el espectador sufra. No es nada nuevo en él, y además ya ha confesado y sobre-explicado que la semilla de 'Madre!' surgió de un enfado existencial, de la tristeza y la frustración que le causa ver lo que estamos haciendo con el planeta.

Así que ahí va la metáfora, que tan obvia se vuelve en el último acto de la película: Jennifer Lawrence es la Madre naturaleza, fuerza creadora que, por amor o por inercia, le da todo al Hombre, Javier Bardem. Y este, egoísta y ególatra, eterno insatisfecho para el que nada es suficiente, toma y toma y descuida hasta que agota a aquella que todo le dio.

No es muy sutil, no. Pero claro, ningún puñetazo lo es. Y la nueva película de Aronofsky no es otra cosa que un puñetazo en nuestro estómago, fuerte y certero, de parte de un hombre furioso. Habrá quien se enfade, y con razón: ¿qué derecho tiene este señor a pegarme cuando estoy pagando una entrada un viernes por la noche para que me entretengan? Para eso están las críticas, y si estás leyendo esto con la duda de si ir o no a verla, con el legítimo deseo de ser distraído durante un par de horas, pues nada, aquí tienes la respuesta. Deja de leer, y busca otra película.

Si aún te queda algo de curiosidad, aquí van las notas positivas. Que son muchas, siempre y cuando estés receptivo al universo y las ideas de Aronofsky, un director visceral y cruel. Y también siempre y cuando haya algo de masoca en ti, pero creo que ambas condiciones van unidas.

'Madre!'

Lo primero que sorprende, en un primer visionado (esta es de las que crecen en los siguientes, no hay duda alguna), es cómo 'Madre!' coquetea con los géneros. Está claro que no solo Paramount (el estudio que ha apoyado la propuesta y ahora la defiende como un movimiento valiente, rebelde y lejos de los objetivos comerciales) ha vendido esto como una película de terror al uso (algo que suele enfadar, y mucho, a los fieles espectadores que prefieren obras más ajustadas a las normas del género); también había algo de mala uva, y un poquito suicida, en el juego de un director que construye las dos primeras partes de su película como si fuera a veces una de casas encantadas y a veces como una de allanamiento de morada.

Lo tiene todo: un sótano oscuro y misterioso, una casa aislada del mundo, enorme (mucho más de lo necesario para una pareja), habitaciones especiales, objetos enigmáticos, una solitaria (y algo desocupada) mujer; la inquietante visita de un desconocido que se toma demasiadas confianzas... Lo único que se aleja de los arquetipos es ese papel de Javier Bardem, ambiguo y turbador.

Es probablemente en el tercer acto donde más problemática se vuelve la propuesta de Aronofsky. Problemática en su análisis, por la cantidad de lecturas que encierra (la naturaleza contra el hombre, el hombre contra Dios, la mujer contra todo), pero también en sus decisiones creativas. El paulatino descenso a los infiernos, marca de la casa, nos lleva esta vez a una situación absurda, que funciona solo como licencia literaria abstracta, en ningún caso desde una óptica narrativa tradicional. Cuando la casa se convierte en un micro-Planeta Tierra, y presenciamos las diferentes fases de la historia de la Humanidad, Aronofsky ha olvidado la poca elegancia de la que suele hacer uso, y se ha entregado a su desmedida ambición. Aquí es donde los espectadores menos favorables a la propuesta dirán que "se le ha ido la olla", mientras que los más propensos a obsesionarse por la simbología y la metáfora explotarán por sobrecarga de circuitos.

Lo que le es innegable al realizador es su pulso y la potencia de su estilismo visual. Sea cual sea el efecto que tenga sobre el espectador ese falso plano secuencia de marras, fijo es que algo le hará sentir. En su escena más arriesgada y probablemente más fallida, Aronofsky consigue generar conversación y debate, que es sin lugar a dudas lo que pretendía en primera instancia. Un provocador, sí, totalmente, pero no vacío de ideas.

La Madre de todo

'Madre!'

Y en el centro del espectáculo (pues eso es 'Madre!' antes que nada), una Jennifer Lawrence que no se llevará el Oscar probablemente el primer año en el que de verdad se lo merece. La rodean dos estrellas como Michelle Pfeiffer y Ed Harris, y un Javier Bardem al que se le exige menos y por ello no brilla tanto. Pero la joven actriz construye un personaje inolvidable primero por el esfuerzo de su contención (esa mujer sumisa, casi muda, ese sufrimiento silencioso; lo cierto es que hasta el tramo final, esta es una de las películas más sobrias y silenciosas del director) y después por su entrega física y espiritual al infierno en el que su director la sumerge.

"¡Asesinos!", nos grita la Madre naturaleza justo antes de casi regalarnos esa catarsis satisfactoria que otro autor no nos habría negado como Aronofsky, y también antes de protagonizar una de las imágenes más violentas, revulsivas y provocativas del cine reciente.

Pero no, la catarsis aquí vendrá a nuestra costa, envuelta en sangre, lágrimas y entrañas. Así es el puñetazo que Aronofsky nos da. Nunca es sutil, pero su objetivo es otro, es agarrarte el corazón, retorcértelo y arrancártelo, y eso nunca es del gusto de todos.

Nota: 8

Lo mejor: Jennifer Lawrence

Lo peor: Que Aronofsky no sepa contenerse y entregar sus ideas de una forma menos burda

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