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'Con los brazos abiertos': Intolerantes sin fronteras

Miguel Ángel Pizarro Viernes 17 noviembre 2017

Hace tres años, el realizador Philippe de Chauveron trajo un nuevo éxito de la comedia feel-good francesa con 'Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?', una película con un toque ácido que ponía en evidencia los prejuicios de una clásica familia conservadora parisina. Sin duda, a Chauveron tiene afición por las comedias atrevidas en referencia a los prejuicios raciales y étnicos. Tres años después regresa con una propuesta similar, 'Con los brazos abiertos', que vuelve a contar con el magnífico comediante Christian Clavier como protagonista.

Con los brazos abiertos

Jean-Étienne Fougerole es profesor en la Universidad de París. Considerado un intelectual y socialista convencido, acaba de publicar un libro en el que critica abiertamente las posturas de políticos de extrema derecha. Al coincidir con la publicación del libro de Clément Barzach, un hombre abiertamente gay y de derechas que quiere leyes más duras de expulsión contra los gitanos rumanos, ambos tienen un fuerte careo en un programa de televisión. Barzach le reta a Fougerole a acoger a una familia de gitanos rumanos en su casa como muestra de que predica con el ejemplo. Fougerole le dice que no tiene ningún problema en ello. Lo que no se esperaba el intelectual de izquierdas es que, ese mismo día, se presentaría en la puerta de su inmenso chalet, situado en una de las zonas más selectas de París, una familia de gitanos rumanos que, para evitar mala prensa, deberá acoger.

De un inicio bueno a un final absurdo

La premisa, sin duda, resulta interesante, poner en evidencia el discurso de la llamada izquierda-caviar, conocida también como "progre". Sí, el punto de partida llama la atención, como también que el rival de derecha conservadora sea un hombre abiertamente homosexual. En ese punto inicial, Chauveron y los guionistas Marc de Chauveron y Guy Laurent comienzan bien y que evidencia una evolución de los pensamientos clásicos de un lado y otro, mostrando cómo las figuras conservadoras han evolucionado y cambiado su estética (aunque no su contenido de fondo), frente a un discurso socialdemócrata que no ha sabido actualizarse y que convence menos por ello.

Con los brazos abiertos

Pero ese interesante análisis se queda en el inicio, ya que la película opta por un humor rancio, machista y prejuicioso que lejos está de la acidez bufonesca de 'Dios mío, ¿peró que te hemos hecho?' Eso no sería lo que más molestaría, algo predecible en este tipo de comedias, sino su pretensión de ser una sátira sobre la hipocresía y lo políticamente correcto y en quedarse, finalmente, un absurdo retrato del egoísmo que no tiene sentido. Por un lado su protagonista principal quiere mostrar que es posible la integración de una comunidad problemática pero, por otro, permite que dicha comunidad imponga sus propias leyes, siendo varias de ellas propias del siglo XIX.

Película rancia que acaba justiciando el racismo y el odio

Ese punto hubiera sido interesante de analizar también, salvo por la diferencia de que Chauveron se queda meramente con los elementos cómicos, provocando una serie de secuencias grotescas y sin gracia que, finalmente, acaban de un patético vodevil burgués con chistes sin gracia, momentos claramente despectivos y que acaban derivando en justificar el racismo y la xenofobia. Ni siquiera los actores salvan la película, ya que su intento de realizar una comedia loable quedan reducidos a la mera caricatura por esa sucesión de momentos ridículos cuyas intenciones, las de hacer reír, no provocan ni siquiera una sola carcajada.

Con los brazos abiertos

Chauveron tiene una dilatada experiencia en comedias semejantes, su anterior filme, 'Débarquement immédiat!', tocaba un tema similar. Sin embargo, el director evidencia un claro síntoma de desgate en un tema que, bien llevado, podría haberse convertido en un nuevo éxito de taquilla del cine francés pero que se queda en un verdadero "bluff".

Nota: 3

Lo mejor: La profesionalidad de Christian Clavier y descubrir a Marc Arnaud.

Lo peor: Su humor zafio y su trama, que se vuelve trasnochada, rancia y profundamente machista.

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