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'Ferdinand': Un bravo mensaje animalista

Sandra Sánchez Viernes 22 diciembre 2017

Ferdinand no le gustaba a la dictadura franquista por pacifista, por tirarse a oler flores antes que usar sus cuernos en la plaza. Sin haber olfateado qué era eso de la animación, el toro protagonista de esta cinta nació en 1936 de la pluma de Munro Leaf, que publicó en ese año la obra que en España se llamaría El cuento de Ferdinando, adaptando el nombre del animal. Disney, que ya puede presumir de volver a dirigir a este toro que quiere escapar del destino que le han elegido por él, realizó un cortometraje en 1938 sobre el cuento de Leaf, que ganó el Oscar a Mejor cortometraje de animación.

La obra, que se volvió célebre a finales de los años 30, no gustó ni a Adolf Hitler ni al Generalísimo. Recién salidos de una guerra, eso de no estar dispuesto a darse testarazos de forma tan impulsiva no estaba bien visto y el que se desviase un ternerito del pensamiento de la torada era una idea demasiado revolucionaria. El cuento quedó sepultado bajo la censura hasta 1975. Y esa es la historia de Ferdinando. Hasta hoy, cuando vuelve a ser 'Ferdinand' en la película de dibujos animados realizada por 20th Century Fox y Blue Sky Studios. La lectura política sigue ahí, aunque ahora el mensaje principal es otro, seguido de una moraleja animalista y antitaurina que retrata sin cortapisas el mundo del toreo.

 'Ferdinand'

La historia de Ferdinand es la de un ternerito que, desde los primeros días de vida, rechaza la violencia y se deja llevar por la fragancia de las flores. En oposición al resto de los toros, él no desea medirse contra el torero y salir victorioso de la plaza, sino que su constante vital es estar junto a su familia, la pequeña Nina y su padre, y no perder nunca de vista las laderas verdes. Sin embargo, su pacífica existencia se torcerá y se verá en una encrucijada contra el maestro.

'Ferdinand' sigue la tónica habitual que reina en las cintas de animación, con un personaje central "diferente" al que excluyen los demás y demuestra que, al final, todos somos iguales. Con respecto a la construcción de los personajes, tampoco hay nada nuevo en el horizonte. Están los bichillos sucios de turno, el villano de malas pulgas que está cabreado con la vida, el alocado robaescenas que hace equipo con el protagonista... Y, como punto hiriente para la pandilla y de muy mal gusto para el espectador, unos caballos que se asientan en un estereotipo burdo de "afeminar" a los animales a base de pijería y discursos ridículos. Aspectos que, en definitiva, cuando se trata de defender el que nadie se burle de nadie, sobran.

Por el lado bueno, 'Ferdinand' tiene unas cuantas escenas divertidas, que responden al esquema tradicional pero son eficaces. Particularmente, hay una en la que brilla la originalidad, llegados a cierto plano, y que se disfruta bastante. Hay un par de personajes recurrentes que hacen sus gracietas y te hacen reír.

 'Ferdinand'

Sin miedo al qué dirán en la plaza

El tramo final de la cinta es, sin duda, cuando explora sus posibilidades de verdad. Por los lugares que recrea, estéticamente es una delicia ver a dónde les lleva la aventura a Ferdinand y sus compañeros. Y lo más valiente de todo es que, sin haber violencia explícita, retrata el toreo sin cortapisas, no oculta el estoque cuando hay que mostrarlo. Por el recorrido que hacen los personajes, 'Ferdinand' construye la que podría ser una metáfora del toro de lidia, con el "baile" que se cree que es y la sangre que implica luego. Ahí reside la lección animalista y antitaurina de esta versión del cuento, que no deja de ser para los espectadores más pequeños un tema difícil del que sacar conclusiones.

Para llegar a ese punto, la película representa al torero desde el punto de vista del villano, una acción necesaria para sentar las bases de lo que vendrá después. Hay un momento de la película en el que también se puede reflexionar sobre la hipocresía con la que se juega cuando se hace referencia al toreo como una contienda entre el diestro y el animal, como si contasen con las mismas posibilidades de salir airosos de ese espectáculo. También hay que decir que, al final, al matador se le acaba representando como el héroe, lo que habla de nuevo de quién tiene el poder en un principio en esta "lucha" hombre-toro.

Nota: 6

Lo mejor: El último tercio de la película y su mensaje, que se atreva con él aunque pueda quedar simplificado para los niños cuando la vean.

Lo peor: La dinámica de personajes de siempre y, sin duda, esos caballos, que resultan ofensivos y son un pésimo recurso. A veces hay un punto de vista del folclore español muy americano.

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