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'The Good Place' o cómo convertir el cliffhanger en chiste y revolucionar la sit-com

Javi P. Martín Jueves 01 febrero 2018

Cuidado, contiene spoilers de la segunda temporada

'The Good Place'

"Eleanor Shellstrop, estás muerta y has llegado al Buen Lugar. No te preocupes, todo está bien". Que una sit-com empiece con la premisa de que su protagonista ha muerto y ha llegado al paraíso no suena tan alocado. Este tipo de series, que tienen en 'Friends', 'Cosas de casa' o '7 vidas' algunos de sus exponentes más populares, se caracterizan por construir su relato en torno a un grupo de personajes cerrado, que se mueven en un puñado de escenarios concretos.

'The Good Place' no es diferente en ese sentido. Cuenta con cinco personajes centrales que conviven en este limitado "barrio" del Buen Lugar, en el que todo está pensado para hacer que sus habitantes tengan una eterna existencia feliz (incluida la compañía de tu alma gemela, que ha sido seleccionada de entre todas las personas de la humanidad).

El conflicto no tarda en aparecer más que contados minutos: Eleanor en realidad ha sido una persona horrible durante toda su vida, y sabe que su presencia en el Buen Lugar es clara e incuestionablemente un error. Las malas personas deberían ir al infierno. En ese momento, el punto de partida de 'The Good Place' ya tiene algo que huele raro.

Las comedias de situación son un tipo de series con unas reglas muy marcadas. 'Modern Family', 'The Big Bang Theory' o 'The Office' son ejemplos muy válidos de ficciones ambientadas en un hogar familiar, un grupo de amigos o un lugar de trabajo en el que el status quo es inamovible a corto plazo. Solo lenta y sutilmente se irán añadiendo variaciones (una relación nueva allí, un cambio de trabajo allá), pero la historia es solo un contexto, un envoltorio para lo que suele importar: el gag. El chiste. Por eso suelen ser las series más exitosas, como 'La que se avecina', porque invitan al espectador a quedarse un rato y reírse sin tener que invertir mucha atención al relato.

'The Good Place'

Sin embargo, 'The Good Place' se pasa por el forro esta fórmula. Michael Schur, el creador, sabe lo que es arriesgar en el género. Fue guionista precisamente en 'The Office' y creador de 'Parks and Recreation', dos de las sit-com más aclamadas e influyentes de los últimos años. Ambas se caracterizan por haber importado a Estados Unidos un formato, el del falso documental, que después ha sido explotado y desvirtuado durante temporadas (incluyendo las propias series de Schur).

Como la sit-com sigue vendiendo, hay que darle al público una mezcla imposible de algo que ya conoce y algo novedoso; así que el guionista ha decidido darle la vuelta a la fórmula. 'The Good Place' ya no usa la historia como excusa para ofrecer gags, sino que... de alguna manera, convierte al propio relato en gag. La serie no tarda en embarcarse en un viaje sin retorno (o más bien una huida hacia delante), y en cada episodio hay un giro de guion que cambia por completo el status quo. Los cliffhangers más inesperados y alocados hacen que la narración sea imposible de seguir como en una sit-com normal. Aquí hay que estar atento para pillar el chiste.

Curiosamente, Michael Schur y su equipo de guionistas conservan la limitación propia de estas comedias: mantienen unos pocos personajes y escenarios, pero van renovando constantemente el significado de todos ellos. El buen lugar es más tarde el mal lugar; el monje budista mudo es en realidad un nini, la "verdadera" Eleanor Shellstrop que fue a parar al Mal Lugar y debería estar en el bueno es en realidad un demonio con ínfulas de actriz.

En la segunda temporada, actualmente en emisión en Netflix, esto se multiplica al cubo. Hay un momento en el que todos los personajes, que saben que están dentro de una ficción demoniaca construida solo para torturar a un puñado de almas perdidas, se ponen en huelga. No les gusta el relato, quieren construirlo ellos mismos. 'Niebla' de Unamuno convertida en sit-com de network estadounidense, y de paso una obvia pulla a todos esos actores subiditos que trabajan en televisión.

'The Good Place'

Y la cuestión es que es tronchante. Al principio cuesta un poco aceptar la propuesta. Una sit-com en constante evolución, que "quema trama" a marchas forzadas, puede encontrarse muy pronto en un punto muerto. ¿Cómo podía funcionar 'The Good Place' cuando está constantemente demoliendo su relato y convirtiéndolo en algo nuevo? Con el paso de los capítulos, y sobre todo ya entrados en una segunda temporada que ha abrazado la locura y la autorreferencia, está claro que es mejor disfrutar con ello que preocuparse por su viabilidad en el futuro. Es simplemente imposible que 'The Good Place' sea en algún momento "demasiado" rebuscada, cuando su espectáculo consiste en que el tiburón salte cada vez un poco más alto. Como mucho, podrá estancarse y volverse demasiado autocomplaciente (algo de lo que ya pecó Schur en 'Parks & Recreation').

Por el momento, 'The Good Place' se ha convertido en una frikada escrita por nerds de la narrativa para espectadores como ellos, esos que saltaban del asiento cada vez que 'Perdidos' terminaba con un giro loquísimo. Las sit-com siempre se han caracterizado por existir en una especie de limbo narrativo, en el que muchas veces los personajes ni siquiera evolucionaban después de un gran acontecimiento: volvían al punto de partida en el siguiente episodio. Schur ha sacado a la sit-com de ese limbo y la ha llevado al paraíso. Y después le ha prendido fuego al paraíso, y eso fue solo en el piloto.

Ética en primetime

Hay muchas otras razones para ver 'The Good Place', como por ejemplo que esté protagonizada por Kristen Bell. Para los fans de 'Veronica Mars', el regreso de Bell (también la voz original de Anna en 'Frozen') a un papel protagonista en una serie es todo un acontecimiento. Además, viene acompañada por Ted Danson (que se lo pasa genial como el ente superior y "arquitecto" de todo esto) y dos revelaciones en forma de secundarias robaescenas: Jameela Jamil (Tahani, una supermodelo que fuerza su acento británico y constantemente alardea de haber sido amiga de celebrities de la talla de Taylor Swift) y D'Arcy Carden (Janet, una especie de enciclopedia con aparente forma humana que contiene todo el conocimiento del universo y ningún sentimiento en su interior).

'The Good Place'

Pero otra de las bazas de la serie coincide, curiosamente, con otra ficción muy comentada en los últimos meses y cuyas dos primeras temporadas también se pueden ver en Netflix: 'Merlí'. Al igual que en la serie de la televisión pública catalana, 'The Good Place' articula muchos de sus capítulos y tramas en torno al estudio de la filosofía; diferentes corrientes, autores y dilemas son expuestos por Chidi (William Jackson Harper), el más sufrido de los cuatro humanos protagonistas, que intenta constantemente enseñar a sus compañeros cómo comportarse de manera ética. Eso es lo que convierte a esta comedia en un "antídoto contra el antihéroe" que tanto ha campado a sus anchas en la televisión de las últimas décadas. Lo cuenta el crítico James Poniewozik en su artículo del New York Times: el mensaje de 'The Good Place' es que tomar la decisión correcta, ser bueno con los demás, conlleva muchísimo trabajo.

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