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'Foxtrot': Regreso al punto de partida

Miguel Ángel Pizarro Viernes 02 marzo 2018

Franz Kafka, en su novela 'El castillo', escribió: "Esta sería una buena ocasión, se dijo, de dejarme llevar por la desesperación, si me encontrase aquí por efecto de la casualidad y no por mi voluntad". Han pasado ocho años desde que el debutante Samuel Maoz ganase el León de Oro en el Festival de Venecia con 'Líbano'. El cineasta sigue reflexionando sobre la historia bélica de su Israel natal, aunque ahora lo encuadra dentro de la realidad actual con 'Foxtrot', ganadora del Gran Premio del Jurado del 74º Festival de Venecia y precandidata al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Foxtrot

Filme dividido en tres partes. Una adinerada pareja de Tel Aviv recibe una noticia devastadora. Su hijo, Jonathan, que fue a hacer el servicio militar obligatorio, ha muerto cumpliendo con su deber. La primera parte muestra esas primeras horas en las que los padres y el resto de familiares y amigos del muchacho reciben tan desgarradora noticia. La segunda parte narra lo que le sucedió a Jonathan cuando estaba haciendo el servicio militar en una carretera alejada de la mano de Dios, en la que solo pasan dromedarios y algún que otro coche palestino. La tercera parte vuelve a narrar la vida de los padres del joven soldado tras haber pasado seis meses desde su muerte.

Tres partes, tres generaciones, tres conflictos

Maoz sigue mostrándose crítico con el sistema militar de su país, que obliga a todos los adolescentes, tanto hombres como mujeres, a hacer el servicio militar y a enfrentarse a la muerte constantemente. Si con 'Líbano', el cineasta se enfrentaba a sus propios demonios, al haber tenido que participar en la guerra contra el país vecino, en 'Foxtrot' lo analiza ya en la distancia que dan los años y, claro, cambiando el escenario al conflicto palestino-israelí. A diferencia del cine que suele llegar a España respecto a dicho enfrentamiento, 'Foxtrot' trae el otro punto de vista, aquel que la sociedad no quiere ver al ponerse de lado de las víctimas palestinas.

Primero, aplaudir la decisión de Maoz de dividir el filme en tres capítulos más un breve epílogo. De esa forma, el cineasta crea la verdadera sensación de círculo. No hay que olvidar su título, 'Foxtrot', un tipo de baile de ritmo alegre en compás de cuatro por cuatro que culmina en el punto de partido. Metáfora, sin duda, tanto de la trama de la película, como de la situación política y militar de Israel.

Foxtrot

El cineasta refleja el constante trauma que vive su país en forma de drama familiar y absurda sátira, en la que se intenta dar un paso hacia delante, para, de nuevo, volver atrás, como el foxtrot, baile que se convierte en el protagonismo absoluto de todo el filme, al servir de perfecta metáfora sobre un país incapaz de levantar el vuelo y mirar hacia delante, con una historia que pesa como una losa, mostrando que cada generación de israelíes convive con su propia guerra, sea el Holocausto (el gran losa que aún arrastra Israel en el presente), la Guerra contra el Líbano o el eterno enfrentamiento contra Palestina y la franja de Gaza.

Una afilada, feroz e incómoda crítica al sistema militar israelí

Partiendo de una terrible anécdota personal del cineasta, el filme trae tres películas en una, siendo la primera toda una declaración de intenciones, en la que se muestra una historia desgarradora de unos padres que deben enterrar a su hijo. Sin embargo, en esa trágica situación, Maoz muestra un trasfondo crítico, en el que se puede apreciar una vivienda llena de lujos y comodidades, como si la guerra a la que se enfrenta Jonathan estuviese en otro lugar del mundo. Esa dualidad, propio de la sociedad israelí, es mostrada con ferocidad crítica, muy especialmente cuando el cineasta regresa a ese punto en el tercer episodio.

El segundo es todo lo contrario, una situación digna de Kafka, en la que cuatro soldados deben vigilar un lugar apartado de la mano de Dios y en la que Maoz se muestra inclemente hacia el sistema militar israelí, mostrando sin tapujos sin defectos, sus malas prácticas y abusos contra los civiles palestinos, en los que se muestra cómo se educa desde la cuna en desconfiar del prójimo. Bélica y absurda a propósito, es quizás la parte más irónica del filme, completamente diferente, en el que Maoz teje una especie de sátira tragicómica, que causará desconcierto en el espectador más purista.

Foxtrot

Con un tercer capítulo que vuelve a ser un giro de tuerca, 'Foxtrot' se convierte en uno de los mejores exponentes del cine israelí y, junto con 'Líbano', hacen de Samuel Maoz uno de los cineastas más interesantes de su país. De hecho, Israel está trayendo una interesante cantera de cineastas muy críticos con su propio gobierno, que deja en evidencia a una sociedad fragmentada en dos y cuya solución no parece posible a corto plazo.

Despreciada y odiada por las autoridades israelíes, la Ministra de Cultura llegó a decir que "destruía" al país, 'Foxtrot' es un magnífico relato antibelicista, diferente, a momentos trágicos, a momentos absurdos, como la propia vida. Completo injusto que se haya quedado fuera de la carrera de los Oscar, digna rival de 'Una mujer fantástica', 'Sin amor', 'The Square', 'En cuerpo y alma' y 'El insulto'. Quizás el baile haga regresar al punto de partido, pero ya nada será igual a como se había empezado a ver. Magnífica.

Nota: 8

Lo mejor: Su división en tres episodios.

Lo peor: Sus diferentes tonos, pasar de drama a comedia en una situación bélica, pueden provocar el rechazo de cierto tipo de público comprometido con la causa palestina.

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