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'Pacific Rim: Insurrección': Acción XXL a plena luz del día

Jesús Agudo Viernes 23 marzo 2018

Cuando Charlie Hunnam y Rinko Kikuchi consiguieron cerrar la brecha que separaba nuestro mundo del de los Kaiju, la dejaron muy bien cerrada. Han pasado cinco años desde que Guillermo del Toro estrenara 'Pacific Rim', su homenaje al cine, valga la redundancia, Kaiju, el de monstruos gigantes. Aunque en taquilla no fue todo un pelotazo, logró una base fan bastante sólida, que a lo largo de estos cinco años no ha perdido la esperanza de ver una secuela, porque del Toro decía que tenía muchas más ideas en la cabeza para sus Jaegers. Pero mucho ha pasado entre la primera entrega y 'Pacific Rim: Insurrección'. Legendary Pictures ahora está asociada a Universal, Guillermo del Toro se cansó de esperar una luz verde y se fue a ganar un Oscar. Lo mismo pasó con Charlie Hunnam, cuando quisieron ponerse a ello, ya tenía la agenda ocupada. Pero Legendary ha seguido peleando, y por fin es hora de volver al campo de batalla.

Pacific Rim: Insurrección

En 'Pacific Rim: Insurrección' también han pasado cinco años desde el cierre dela brecha. La Tierra está intentando pasar página tras el enfrentamiento con los Kaiju, pero mantienen una serie de bases de entrenamiento para pilotos de Jaeger para que no les vuelvan a pillar por sorpresa si acaban encontrando la manera de volver. La historia se centra en Jake Pentecost (John Boyega), el hijo de Stacker Pentecost (Idris Elba), que es totalmente opuesto a su padre. Abandonó la escuela de pilotos y se dedicó a la buena vida gracias a lo que saca de saquear restos de Jaegers que ya no se utilizan. Hasta que se cruza con Amara (Cailee Spaeny), una adolescente que se ha hecho su propio Jaeger de tamaño reducido para que lo pueda manejar sin un segundo piloto. Los dos son pillados por la policía y enviados a la base para cumplir condena sirviendo a la Alianza Pan-Pacífico.

El encargado de ponerse en el difícil puesto de Guillermo del Toro es Steven S. DeKnight, en la que es su primera superproducción como director. Y lo cierto es que ha presentado una secuela que cumple con los requisitos mínimos para no perder a esa base fan que tuvo la primera. Para empezar, un aviso para navegantes que suena de cajón, pero nos conocemos: es una película de robots gigantes luchando contra monstruos gigantes. Lo que se busca aquí es entretener con palomitas y un vaso de refresco del tamaño de un Jaeger, y eso, en gran medida, está cubierto. DeKnight ha aprovechado los cinco años que separan una película de otra para ofrecernos este espectáculo de destrucción a la luz del día, a diferencia de del Toro, que tuvo que jugar con la noche para que efectos de estas proporciones no cantaran demasiado a la vista. Y nada del medio del océano, esta vez veremos edificios reventar, cristales caer, y ciudades enteras reducidas a escombros. En general, los efectos especiales están a la altura, aunque quizás hay ocasiones en las que queda ensombrecida por otras cintas de este tipo. Por ejemplo, el ver la destrucción urbana con mayor detalle hace que tengamos más presente 'Transformers', y se le podrán negar muchas cosas a Michael Bay, pero si tiene que dejarse los millones en efectos especiales explosivos (lo siento), lo va a hacer. No es la sensación que da 'Pacific Rim: Insurrección'. A pesar de ello, en ningún momento molestan los bajones de "calidad", y es una gozada ver con mucho más detalle a estos robots pelear contra los Kaiju sin pensar que alguien tendrá que pagar luego ese edificio que están tirando contra el monstruo.

Pacific Rim: Insurrección

Uno de los problemas con los que se encuentra una secuela de una película con las dimensiones de 'Pacific Rim' es qué hacer para no repetirse, y en eso el equipo de guionistas y Steven S. DeKnight han sabido encontrar la forma de darle una vuelta a ciertos aspectos para hacerla "más grande". Cada Jaeger que aparece tiene sus propias fortalezas y debilidades, y en esta ocasión se distinguen mucho más que en la primera, además de contar con un arsenal que haría las delicias de mi niño interior si estuviera escribiendo la carta a los Reyes. Aunque Gypsy Avenger, la actualización de Gypsy Danger, sigue siendo el Optimus Prime de la película, cualquiera de los otros podría acabar convirtiéndose en nuestro nuevo robot favorito, desde el pequeño Scrapper y su capacidad de hacerse una bola para huir más rápido, hasta Saber Athena, el más avanzado de toda la flota. Los Kaiju también vienen con nuevas habilidades y son capaces de sorprender y dar un buen espectáculo. En lo que no han reparado en gastos ha sido en las localizaciones de Australia o Japón, que se mezclan perfectamente con los renders por ordenador y nos dan una película más global que la primera. También han cambiado la cabina de los pilotos para que puedan moverse mucho más para poder dar desde patadas voladoras hasta coreografías que parece que están en una clase de zumba. Es menos mecánico, pero queda más espectacular.

Encontrar el corazón en la batalla

La acción de blockbuster, como digo, está perfectamente cubierta. Pero es imposible negar que a 'Pacific Rim: Insurrección' le falta algo muy importante: Guillermo del Toro. El mexicano es capaz de darle mucho corazón hasta a una batalla de estas características, y la secuela carece del alma que tenía la primera. Sobre todo porque sus protagonistas no funcionan. Raleigh, Mako, Stacker... Todos ellos conseguían en la primera que nos importara su pasado, su historia, aun con lo apresurados que estaban desarrollados algunos de los temas. En 'Insurrección', por poner un ejemplo, el personaje de John Boyega pasa de ser un rebelde a darlo todo como entrenador de pilotos en diez minutos. Con el de Scott Eastwood, directamente, ni nos percataremos si está o no en escena de lo prescindible que es. Al menos Boyega parece estar pasándoselo bomba toda la película. La única del reparto que consigue calar en el espectador es Cailee Spaeny, el diamante en bruto de esta película, y que empieza con muy buen pie con un personaje carismático, preparada tanto para la acción como para la emoción. La película suspende también en representación femenina. Rinko Kikuchi vuelve casi a título de cameo. Luego tenemos a Tian Jing como la CEO de una empresa que quiere sustituir Jaegers por robots con inteligencia artificial, jubilando a los pilotos, y a Adria Arjona como Jules, la jefa de los mecánicos de la base de los Jaegers. Dos personajes que podrían haber resultado más interesantes que el personaje de Scott Eastwood, por ejemplo, pero que no se les da tiempo de pantalla más que con la intención de "cubrir cuota".

Pacific Rim: Insurrección

También están de vuelta Charlie Day y Burn Gorman como los doctores Geiszler y Gottlieb. En ellos, sobre todo el segundo, vuelve a recaer la labor del alivio cómico, que sigue siendo tan desconcertante como en la primera película, cuando estábamos en un momento realmente intenso y, de pronto, alguien hacía una gracieta. Puro Guillermo del Toro, en realidad. Ellos siguen siendo totalmente encantadores, y cuentan con algunos de los giros de la trama más sorprendentes. Hablando de la trama, en general nos ofrece un interesante punto de partida, y una vuelta de tuerca que mantiene el ritmo bastante bien a lo largo de la película. Lo dicho, entretiene y las escenas de acción son tan XXL como requiere una película así, pero un poco más de épica no le habría venido más, esas batallas en la noche en medio del mar se hacían muchas veces más intensas que las que vemos aquí, y eso que casi no podíamos ver nada. Se echa de menos hasta la banda sonora rockera de la primera, la de esta entrega pasa bastante desapercibida aunque a veces utilice partes de la sintonía principal de la anterior. 'Pacific Rim: Insurrección' no va a decepcionar a los amantes de la acción de altura (y peso), pero quizás se queda algo corta para los cinco años que llevan esperándola.

Nota: 6

Lo mejor: La vuelta de tuerca de los Kaiju, los nuevos Jaeger y que podamos verlos pelear a la luz del día. Sigue disfrutándose de principio a fin.

Lo peor: Los protagonistas no están a la altura. Cinco años después... esperábamos más.

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