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'La casa junto al mar': Compromiso y fe en la esperanza

Miguel Ángel Pizarro Viernes 23 marzo 2018

Pocos cineastas son tan regulares y leales a sus ideas como el francés Robert Guédiguian. Fiel a su Marsella natal, el cineasta deja de lado la épica de 'Una historia de locos' para traer 'La casa junto al mar', mostrada en la Selección Oficial del 74º Festival de Venecia, exhibida en la sección Perlas del 65º Festival de San Sebastián y nominada al César a la mejor actriz de reparto, una joya nostálgica que entremezcla lo cotidiano con el paso del tiempo y la aceptación del fracaso de ciertos idealismo, no sin antes mostrar un luz de esperanza.

La casa junto al mar

En Marsella el invierno se nota en los huesos. Angèle, actriz que vive cómodamente en París, regresa a la casa familiar, que está situada en una pequeña cala con preciosas vistas al mar. También vuelve Joseph, hermano de Angèle, profesor jubilado y que trae a Bérangère, su novia mucho más joven. Los dos se reencuentran con su otro hermano, Armand, que se quedó en la ciudad para hacerse cargo del restaurante familiar. El motivo de tal reencuentro se debe a temas de herencia, puesto que Maurice, el padre de la familia, quedó en un estado casi vegetativo tras sufrir un ictus. En ese regreso a casa volverán a retomarse conflictos del pasado, que se verán envueltos en la melancolía del paso del tiempo. Sin embargo, la aparición de tres niños inmigrantes ilegales que han venido en patera desde África cambiará los planes iniciales, ya que los hermanos decidirán ocultarlos de las autoridades, que piensan repatriarlos.

Una película llena de autenticididad, con personajes llenos de carisma

Guédiguian se aleja de la compleja reflexión sobre el perdón y la redención propia de 'Una historia de locos' para mostrar una meditación más retrospectiva, relacionada con la pérdida de los ideales y las antiguas heridas familiares que han quedado sin resolver. Ejecutada con la maestría propia del cineasta, que firma también el guion junto con Serge Valletti, sus tres personajes radian una autenticidad única, que solo Guédiguian sabe transmitir.

La casa junto al mar

Ahí reside, cómo no, la química de sus tres actores fetiche, Ariane Ascaride (pareja sentimental también del realizador), Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan, la troupe que ha acompañado al cineasta desde sus inicios. Es más, Guédiguian introduce una escena de 'Ki lo sa?', realizada en 1985, y que evidencia no solo el paso del tiempo, sino que refleja el aburguesamiento de sus personajes protagonistas y la aceptación del fracaso de los ideales.

Una luz de esperanza en medio del abismo

Sin embargo, en ese halo de melancolía y aparente pesadumbre, Guédiguian realiza una cinta luminosa que invita a la esperanza. No solo por la aparición de los niños ilegales, que ponen en cuestión moral qué y a quién defienden realmente la legalidad e invita a hacer concesiones a la llamada "desobediencia civil" si es por motivos éticos y humanísticos, también lo es por la realidad que envuelve a esa agradable casa junto al mar, a esa villa, la tenebrosa especulación inmobiliaria, mostrada cual ángel exterminador. También Guédiguian, de fuertes ideas de izquierdas, plantea un presente en el que las ideologías no son tan frentistas, mostrando la posibilidad de que las rivalidades de derecha-izquierda queden devoradas por un ente abstracto, carente de ideas y filosofía en pos de una sociedad insensible y envuelta en una burbuja. Ahí, lejos de mostrarse pesimista hacia el futuro, Guédiguian aboga por la esperanza, por reivindicarse las brechas que deja el sistema actual, ahí reside la fuerza de otros personajes como son los de Anaïs Demoustier, magnífica, o Robinson Stévenin.

La casa junto al mar

Quizás no llega al nivel de complejidad de otro filme semejante, 'El otro lado de la esperanza' de Aki Kaurismäki, pero 'La casa junto al mar' es un alegato de esperanza, una llamada para luchar por mayor igualdad y solidaridad, dentro de un sistema familiar y con una perspectiva diferente, alejada de los ideales de antaño. Sin duda, un trabajo más que notable, el más redondo desde 'Las nieves del Kilimanjaro' y que demuestran que echar la vista a atrás no tiene que ser sinónimo de triste melancolía. Deliciosa, llena de autenticidad y carisma.

Nota: 8

Lo mejor: Sus trío de actores protagonistas y la autenticidad que transmiten.

Lo peor: Corre el riesgo de que la generación actual lo vea como algo meramente nostálgico.

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