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CRÍTICA

'El francotirador': Capitán América

Clint Eastwood dirige un drama bélico sólido y con grandes escenas de acción, pero empañado por lo poco atractivo que resulta el protagonista fuera de Estados Unidos. A pesar del papelón de Bradley Cooper.

Por Jesús Agudo Más 19 de Febrero 2015 | 11:16
El redactor más veterano de esta web. Palomitero y fan de que las series estrenen un capítulo por semana.

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Clint Eastwood regresa al campo de batalla de una guerra en la que lleva encadenando demasiadas derrotas. El prolífico director no ha sabido hacer clic con los espectadores con sus últimas películas, aunque parece que le ha bastado volver a un terreno en el que se encuentra tan cómodo como el de un drama bélico para recuperar el fervor del público, al menos del norteamericano. ¿Pero tiene 'El francotirador' la capacidad de conectar con los que no vivimos bajo un manto de barras y estrellas?

El francotirador

Bradley Cooper interpreta a Chris Kyle, un francotirador de los SEAL que logró el apodo de "Leyenda" entre las tropas americanas por sus más de 160 muertes oficiales en el campo de batalla (la cifra extraoficial llega a las 300 bajas), y que llegó a tener un precio altísimo por su cabeza en Irak. Una historia real del típico héroe americano, solo que no es así enteramente. El de Chris Kyle no es el caso de un héroe por accidente. En el flashback inicial vemos cómo su padre le inculca la importancia de proteger a los demás, con violencia si es necesario. Es un hombre de convicciones claras desde la cuna, un personaje muy típico del cine de Clint Eastwood.

Chris ha nacido para proteger a su país, no duda en alistarse en cuanto ve por televisión cómo atacan varias embajadas norteamericanas. Además, su talento al disparar es casi imposible de igualar. Chris Kyle es el típico hombre de Texas que ama su país por encima de todas las cosas y que daría su vida por su país, que quiso ser cowboy y que bebe Jameson y Budweiser. Es el americano de pura cepa, y aunque la película en sí pueda no ser una "americanada" en esencia, él sí lo es, y eso contagia a la película. Es lógico ya que Eastwood se ha basado solamente en la autobiografía del militar, todo lo vemos a través de sus ojos, y esos ojos solo ven en rojo, blanco y azul. Los iraquíes son los malos, Estados Unidos es el mejor país del mundo. Esa visión fuera de Norteamérica es muy difícil de vender, y por eso cuesta mucho ver en Chris Kyle al gran héroe que el director quiere presentarnos.

No se puede negar que Bradley Cooper nos deleita con una nueva interpretación abrumadora. Ya no solo por los kilos que ha cogido, el actor se transforma en el soldado perfecto, estoico, concentrado en todos los ámbitos de su vida, aunque su corazón vaya a mil por hora. También funciona como conquistador, mostrando una química muy buena con Sienna Miller, su esposa en la ficción, otra que no tendrá en la película más que el típico papel de esposa que quiere que su marido vuelva a casa, pero que dará el punto de sentimiento necesario. Sin duda, lo mejor de 'El francotirador' es la interpretación de su protagonista, y eso que Eastwood sigue dejando palpable su talento como director.

Competición de francotiradores

Las escenas bélicas están realmente bien rodadas, sobre todo en las que Cooper posa su mirada en la mirilla de su rifle y nos muestra sus objetivos. Clint Eastwood consigue transmitir la tensión de ese momento, la sensación de tener la vida de una persona en el gatillo de un rifle. Pueden ser repetitivas, pero ojalá hubiera habido más, porque son puntos altos en la trama. La competición entre Kyle y el francotirador iraquí que es su objetivo es una maravilla, no se han visto más allá de sus mirillas y entendemos la obsesión por la caza. Podría haber sido la película así todo el rato, y habría sido más redonda, eso hace que eche un poco de menos el brevísimo tiempo en el que Spielberg estuvo involucrado en el proyecto. El resto de conflictos bélicos también son muy destacables, sobre todo el asalto en plena tormenta de arena, aunque Eastwood siga teniendo problemas para encontrar a un equipo de efectos digitales competente. Las escenas en las que regresa a casa cortan un poco el rollo, y no llegan a atraer lo suficiente, más allá de los bebés de plástico, es un ámbito de su vida que, como al propio Kyle, no llega a cuajar en nuestra cabeza. Además, dejan demasiadas cosas en el aire, y ese es el problema de base de la película.

El francotirador

Es entendible que Clint Eastwood no quiere contar más que la historia de este francotirador. Ni quiere meterse en debates sobre la legitimidad de la guerra de Irak, ni en el resto de tropas involucradas. Quiere contar la historia de un hombre, que puede caernos mejor o peor, pero solo es un hombre. Y eso es un problema, porque no puede evitar que se le cuelen muchas cosas que luego no desarrolla. Para empezar, parece querer contar las secuelas psicológicas de la guerra, y salvo algunas menciones de otros militares y en contadísimos momentos, deja el tema a medias, tocándolo a trompicones hacia el final, y sin mostrar una verdadera conexión con un asunto tan interesante. Chris Kyle tiene tan claro que su sitio está ahí, y que no dejará de estarlo hasta cumplir con la misión, que presenta a un personaje demasiado robótico, demasiado patriótico para tener un trastorno de estrés postraumático real. Todo el tramo final queda demasiado inconcluso, y no precisamente por el destino de Chris Kyle, no estamos ante una película para debatir sobre las armas en Estados Unidos, sino sobre el papel de los norteamericanos en Irak. Todo lo que pasa antes intenta dar otras caras al protagonista cuando es demasiado tarde, y esos títulos de crédito no ayudan a ver la película de otra manera.

Tampoco es cierto del todo que Eastwood no se moje, políticamente hablando. Quizás sea de forma indirecta, casi "sin querer", pero al verlo todo con los ojos de Kyle, vemos un Irak que claramente es el enemigo, de hombres que utilizan a mujeres y niños como cebo, de violencia y salvajismo. Cierto es que hay pequeños destellos que parecen querer dejar claro que la guerra fue bastante absurda, pero no son tan llamativos como el lado de la balanza a favor del conflicto. Con su obvia escena homenaje al 11-S e imágenes de soldados americanos sufriendo por las heridas de guerra, difícil es salir de la película sin pensar que estamos ante otro caso de propaganda política. En el momento en el que empezamos con un niño portando una bomba, se nos está dirigiendo a un punto de vista muy concreto, a justificar cada bala de Chris Kyle, y son muchas, y sorprendentemente parecen pesarle poco. Repito, parece que no ha sido su intención, pero al menos para este redactor, salir de la sala sin que retumbe el himno norteamericano en la cabeza ha sido imposible. Y no se escucha en toda la película.

No se puede negar que 'El francotirador' es una película muy notable, sabe mantener el ritmo a pesar de durar más de dos horas y la sensación general es buena. En lo bélico y en lo interpretativo es sobresaliente. Clint Eastwood vuelve a demostrar que tiene un temple y una mano firme para rodar este tipo de películas difícil de encontrar en otro director. Pero seguirá estando ahí la barrera que separará al público norteamericano y su patriotismo de otro tipo de público. Y ese muro es Chris Kyle. A diferencia de otras películas como 'La noche más oscura' o series como 'Homeland', con un escenario mucho más amplio, centrarse en un hombre como Kyle condiciona demasiado el discurso, y su discurso es muy extremista, poco atrayente y poco justo. Me ha ocurrido como a muchos con Llewyn Davis, pero el personaje creado por los Coen era un perdedor nato, nadie se puede poner de su lado. Con este francotirador también me resulta difícil empatizar con él, aunque me lo vendan como un héroe no deja de ser un peón con el cerebro muy bien lavado. Me cuesta ver la Leyenda en este hombre extremista, en este Capitán América que no puede ver más allá del fervor a su país. Y esa es la sensación que queda al salir de la película, por encima de una gran realización y una excepcional interpretación de Bradley Cooper.