Julio Soto Gurpide regresa con una nueva película de animación, en la que se adentra de lleno en la problemática del calentamiento global, no de manera cruda, sino adecuada al género. Zayra Muñoz Domínguez es la codirectora de este guion que tiene detrás al propio Soto, junto con Miguel Morán o Adela Gutiérrez entre otros.
'Evolution' se enmarca en el terreno de la ciencia, un ámbito poco explorado desde la animación, al menos desde el ángulo que escoge Soto para su largometraje. Zoe, una niña de 12 años, es la protagonista de esta historia y la hija de una doctora en biología genética (o algo similar, no llega a explicarse del todo). La joven toma por error una sustancia que mezcla su ADN con el de sus mascotas: ella se “animaliza”, sus animales se “humanizan” y el caos se instala en su misión de salvar el mundo.
Sin embargo, este caos no será el antagonista de la película. En su lugar, es T. J., el CEO de una empresa de gran alcance, que ejerce un “capitalismo salvaje” en todas sus acciones (maltrato animal, poca ética profesional, etc.). T. J. ve en este intercambio de ADN la clave para lograr su mayor deseo: conquistar el mundo. No puede faltar la risa maléfica al son de rayos y truenos cada vez que el villano expresa sus ambiciones.
La perspectiva de Julio Soto es interesante porque logra aportar su visión condenatoria sobre las empresas que contribuyen al cambio climático sin resultar excesivamente político dado el género frente al que nos encontramos. Sí utiliza ciertas metáforas algo trilladas sobre el deshielo de los polos o la desaparición de la diversidad animal, pero estas no tapan el argumento ni se sobreponen a la esencia de la película.
Estereotipos viejos y nuevos
En ‘Evolution’ no escatiman con los estereotipos más clásicos: el grandullón del colegio que le roba el bocadillo al más débil, el joven débil que anda detrás de todos correteando como una mosca o la “malota” que masca chicle y lleva años repitiendo. La protagonista se relaciona con todos ellos aportando también la típica postura intermedia en la que trata con unos y otros resaltando su personalidad más única.
También se han introducido otros que podemos encajar el época más reciente: el padre ausente y demasiado ocupado en sus partidos de pádel, la científica que busca hacerse hueco en un mundo que antes le estaba algo vetado y los matones-sicarios de voz ronca y tatuajes en el cuello.
Además, Zoe es hija de padres separados, una relación no vista con frecuencia en las películas de animación. Otros detalles aportan actualidad y realidad a ‘Evolution’, como la camiseta arrugada de Peggy, la madre de Zoe, o el reflejo de la precariedad de la ciencia y los investigadores, bastante bien narrada en la película.
Los animales mejor que los humanos
Todos los personajes adultos andan obcecados u obsesionados con algo, lo que resulta atractivo para un público no tan infantil, que puede verse ciertamente identificado. Peggy desea hacerse con el Nobel, al que llama “el Oscar de la gente con estudios”; Gordon, el padre de Zoe, necesita mantener su despreocupada rutina vital y, como hemos adelantado antes, T. J., el villano de ‘Evolution’ quiere convertirse en un súperhombre y dominar el mundo.
Todo ello contribuye a ratificar la idea del animal con una naturaleza mejor y más bondadosa que la de los humanos. Esto es algo clave en ‘Evolution’: mientras que la sustancia extraterrestre provoca una ambición desmedida en los humanos, en los animales genera un ecosistema sin miedo, de ayuda mutua y cooperación constante.
Esta perspectiva se reafirma cuando los animales experimentan ese proceso de humanización y entran en contacto con las tecnologías, los móviles y la actual vida humana. Soto sabe canalizar muy bien esta visión que condena el “atontamiento” que estas tecnologías provocan, ya desde la más tierna infancia.
Hay algo rebelde en toda la película, tanto por parte de Zoe, la protagonista, como de sus mascotas, lo que tal vez responde a la propia voz del director de rebeldía e imposición frente a la sociedad.
Tono y ritmo adecuados al género
Para un público adulto, ‘Evolution’ puede resultar algo lenta y redundante, a pesar del ritmo acelerado que tienen prácticamente todas las películas de animación. Cuando la historia parece encaminada a solucionarse, un nuevo suceso rocambolesco ocurre para alterarlo todo de nuevo. Esto forma ese “galimatías sin sentido” que menciona el padre de Zoe llegando al final del largometraje.
No obstante, ciertos puntos cómicos, sobre todo aportados por los ratones que evolucionan a ritmo vertiginoso (también víctimas de la misteriosa sustancia), hacen que el visionado sea más ameno y llevadero. En definitiva, Soto consigue llevar a la gran pantalla una película divertida y adecuada para los tiempos actuales, aunque no logre esquivar premisas algo machacadas.
‘Evolution’ llega a los cines el 6 de febrero de la mano de Beta Fiction.