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'La corresponsal' desaprovecha el potencial de una historia real apasionante

Marina Vázquez Viernes 31 mayo 2019

De Chechenia a Irak, de Kosovo a Libia, de Afganistán a Siria. Marie Colvin fue la voz de los conflictos bélicos más importantes del mundo contemporáneo. Nació en Estados Unidos, pero su vida pasó entre zonas de guerra, donde acumuló decenas de heridas, algunas claramente visibles, como el ojo que perdió durante la guerra civil de Sri Lanka; y otras más profundas, como la relación cercana a la adicción que acabó desarrollando hacia su trabajo como reportera de guerra, que, paradójicamente, se convirtió en su único espacio seguro.

 La corresponsal
 

En una época en el que el biopic se ha convertido en uno de los géneros cinematográficos más atractivos, la vida entre trincheras de Colvin no podía pasar desapercibida. De esta manera, Matthew Heineman, director especializado en documentales, es el encargado de plasmar esta historia real en 'La corresponsal', su primera incursión en el cine de ficción.

Desde que el parche en el ojo se convirtiera en parte de su atuendo diario hasta su muerte en un bombardeo durante la guerra de Siria, el filme repasa los últimos doce años de vida de la reportera. Y ahí reside su principal problema: dado el elevado volumen de vivencias de la protagonista, resulta complicado relatarlas de manera orgánica en una cinta de 110 minutos de duración. Una empresa tremendamente ambiciosa que acaba convirtiendo la película en un pastiche de conflictos bélicos, traumas personales y relaciones fallidas del personaje, interpretado por una magnífica Rosamund Pike.

 La corresponsal
 

Las elipsis pasan de ser un recurso útil a convertirse en un atajo recurrente de la narración que, lejos de su cometido, hacen que perdamos el hilo de la historia. Se nos presentan una gran cantidad de situaciones y personajes sin llegar realmente a profundizar en ellos, a veces sin ningún tipo de conexión o de explicación previa o de la importancia que suponen para la protagonista en el transcurso de la narración, iniciando tramas que nunca llegan a desarrollarse del todo. Es como si un montón de material se hubiera quedado en la sala de montaje sin ser utilizado.

Esta falta de estructura también empaña los intentos de la película por emocionar. Porque sí, Heineman se afana en conmover al espectador utilizando los horrores de la guerra como telón de fondo: se recrea en las familias rotas por el conflicto, en escenas de duelo excesivamente largas y en discursos pretendidamente grandilocuentes sobre la importancia del periodismo. Todo desde una perspectiva claramente occidental que, por momentos, parece más centrada en buscar la lágrima fácil que en desarrollar diligentemente la historia de sus personajes.

 La corresponsal
 

Es una lástima que una historia con tanto potencial se pierda en una narración tan desordenada, llegando a convertirla en un relato liviano e incluso superficial en alguno de sus tramos, salvado únicamente por la magistral actuación de la protagonista y el gran desempeño al filmar las escenas de acción que transcurren entre tanques, ataques aéreos y metralla y que dan buena cuenta de la crudeza vivida en las zonas de conflicto.

La mejor interpretación de Rosamund Pike

Sin duda alguna, el gran aliciente de esta película es la interpretación de Rosamund Pike. Podemos estar hablando de la mejor actuación de la actriz británica, que por momentos se convierte en la auténtica Marie Colvin: una mujer fuerte, tenaz y que llega a desarrollar una relación tóxica con su profesión, derivando en graves problemas con el alcohol. Pike consigue reflejar a la perfección el carácter intrépido de la reportera, sus obsesiones y sus traumas, consiguiendo que reconocectemos con la película.

 La corresponsal
 

No obstante, una vez más, el guion no está a la altura de la historia ni de su intérprete: en la pantalla vemos un carrusel de personajes que pasan por la vida de la reportera, sin saber realmente qué papel juegan en ella. En una escena Marie Colvin no tiene apegos, su vida se reduce al campo de batalla sin importarle el resto del mundo; y en la siguiente la narración se esfuerza en humanizar al máximo al personaje, confundiendo al espectador. Tanto es así que, ya hacia el final, incluso se le crea una trama romántica, desarrollada torpemente en dos escenas y que, una vez más, nos aleja de la historia.

También cabe mencionar la interpretación de Jamie Dornan como Paul Conroy, el fotógrafo e inseparable compañero de batallas de la reportera. El actor está muy correcto en su interpretación y la química entre él y Rosamund Pike es de las pocas cosas que nos hacen mantener el interés por la historia de 'La Corresponsal'.

Nota: 6

Lo mejor: Rosamund Pike lo borda hasta el punto de levantar ella sola la película.

Lo peor: la falta de organización y la ambición por abarcar tantos conflictos hace que perdamos el interés por una historia con gran potencial.

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