'Érase una vez en América' fue el proyecto más personal de toda su trayectoria profesional, sí, pero también supuso un auténtico quebradero de cabeza para Sergio Leone casi desde el principio. Empezó peleándose consigo mismo para dar forma a la mejor historia posible y finalizó el proyecto peleándose con, bueno, todo el mundo por las complicaciones para mantener intacta su visión a través de un montaje tan desorbitado como, en su opinión, absolutamente innegociable.

Y es que, en un primer momento, el cineasta llegó a contar con cerca de diez horas de metraje utilizable que, tras decenas de idas y venidas en la sala de montaje, terminaron siendo seis. En ese momento, Leone se sentó frente a los productores de la cinta y les propuso estrenar la película en dos partes, recibiendo un rotundo no por parte del estudio. Este rechazo hirió casi de muerte al director, quien se vio obligado a 'recortar' la duración hasta alcanzar las 3 horas y 49 minutos.

Un desenlace que dejó profundamente insatisfecho al director italiano, pero que, sin embargo, no supuso ningún problema para que 'Érase una vez en América' se descubriera como la mejor película de toda su trayectoria. Y una de las más hermosas obras maestras de la historia del cine. Alejado del viejo Oeste y centrando su mirada en el Nueva York de principios del siglo XX, Leone entrega de manera rotunda su alma, corazón y recuerdos a lo largo de una historia de profunda e intensa melancolía y nostalgia, emotividad y poesía, belleza y desolación. Un prodigio cinematográfico de inicio a fin. Una experiencia inolvidable. Una película esencial.