Iniciada en 1984 con 'Pesadilla en Elm Street', la saga de Freddy Krueger pasó a convertirse durante la segunda mitad de los ochenta en una de las más conocidas y prolíficas para el cine de terror. Wes Craven había creado un icono atemporal gracias a aquella primera entrega, en la cual New Line vio su propio filón que explotar, al igual que por aquel entonces lo tenía Paramount con 'Viernes 13' (la franquicia de cuya distribución se encargaba).
Tras haberse desentendido de la primera secuela, 'Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy' y haber regresado como productor y guionista para 'Pesadilla en Elm Street 3: Guerreros del sueño', Craven empezó a gestar entonces una idea que tardaría siete años en ver materializada, y a la que acabó llamando 'La nueva pesadilla de Wes Craven'.

De la ficción al autohomenaje
Tras cinco secuelas en las que Freddy (siempre encarnado por el inimitable Robert Englund) era aparentemente aniquilado para después regresar a Springwood a acabar con todos los que se atreviesen a dormir, parecía más que claro el hecho de que las historias habían empezado a sentir cierto desgaste, habiendo abrazado ya el tono de comedia negra característico del Krueger de la última etapa, y donde lo único que importaba era el bodycount, traducido en este caso como una consecución de muertes cada vez más espectaculares como único divertimento en la saga.
Con la intención de otorgar a su nueva historia un aire mucho más serio y oscuro, el director optó por no dirigir una continuación al uso, sino que lo que hizo fue reunir a parte del casting original de la primera entrega y presentar a los actores interpretándose a ellos mismos. En esta suerte de realidad ficcionada, Heather Langenkamp empezará a temer por la vida de su hijo Dylan (Miko Hughes) cuando éste empiece a sufrir pesadillas en las que ve a Freddy Krueger, pese a que la actriz no haya enseñado nunca a su vástago las películas en las que participó.
Este Krueger, una representación demoníaca creada a partir de las películas, se hará realidad y empezará a sembrar el pánico durante el rodaje de una nueva entrega de la saga, en todo un alarde de creatividad en la que Craven no solo se autohomenajeaba a sí mismo, sino que construía un diálogo directo con todos los fans de la saga y del terror (algo que llevaría más allá dos años más tarde con el inicio de su otrora famosa franquicia, 'Scream').
Pese a que los años aun sigan catalogando 'La nueva pesadilla de Wes Craven' como aquella rareza de las películas sobre Elm Street, desde el presente especial rompemos una lanza a su favor y la reivindicamos como uno de los títulos más sugerentes del cine de terror de los noventa.