El tiempo se ha empeñado en señalar a 'Scream 3' como el peldaño más bajo de la célebre saga creada por Wes Craven que revolucionó el cine de terror en la década de los 90. Sin embargo, es lo que tiene el culto, todavía quedamos una pequeña legión de defensores que, armados con un arsenal de argumentos tan válido como cualquier otro, seguimos disfrutando al máximo de una tercera entrega llena de diversión, susto, falta total de vergüenza y mala leche. Otro tema son las odiosas comparaciones, claro.
Y es que, evidentemente, 'Scream 3' no está a la misma altura que la extraordinaria 'Scream. Vigila quién llama', la espléndida 'Scream 2' o la (también) reivindicable e incomprendida 'Scream 4', pero eso no la convierte, ni mucho menos, en algo siquiera mínimamente parecido a un desastre. De hecho, estamos frente a un slasher modélico en el que todos y cada uno de los personajes obtienen un momento de oro digno de aplauso. Si lo que buscas es una película de Ghostface dándolo todo y poder interactuar con ella tratando de adivinar la siguiente muerte, ni una duda, aquí lo tienes.

Hablamos de uno de los grandes aciertos de esta legendaria saga; darle al espectador exactamente lo que pide y un par de sorpresas más. No hay trampa, el cartón brilla por su ausencia y los fuegos artificiales narrativos llegan bañados en sangre y giros imposibles. Un Cluedo de cuchillos y muertes imposibles que divierte sin descanso, entretiene sin discusión y se disfruta sin excusa. Un conjunto de logros que también están presentes en 'Scream 3'.