El tópico nos lleva a la conclusión de que Javier Fesser es un cineasta con un universo propio. Y fin. Sin embargo, cuando uno revisa su filmografía con atención es consciente de que, más allá del despliegue de originalidad, surrealismo e imaginación de sus historias, siempre habita en ellas un corazón emocionante y emocionado, una delicada devoción por la sensibilidad y el cariño compartido.
Incluso en los momentos en los que sus creaciones rozan la (voluntaria) caricatura, normalmente obtenida a base de forzar la máquina hasta su mismísimo límite, Fesser sabe aportar ese grado de ternura y calidez necesario para que no todo quede resumido al virtuosismo visual. Todas y cada una de sus películas, sin excepción, comparten esta querencia por humanizar, comprender y cuidar a sus personajes. Y eso, sumado a su innegable talento técnico, le convierten en un cineasta único en nuestro país.

A continuación, repasamos todas sus películas y las ordenamos de peor a mejor, observando así que las virtudes ganan por auténtica goleada a los defectos. Un recorrido por obras auténticas, genuinas, tan personales como universales, tan desquiciadas como coherentes, tan locas como cuerdas, tan extraordinarias como profundamente humanas. Puro Fesser.