La elegancia es algo que se tiene o no se tiene. Se puede intentar alcanzar, por supuesto, y es probable que termine apareciendo en forma de destellos puntuales en algunos casos, pero las personas realmente afortunadas en este sentido son aquellas a las que les aparece de manera natural, que conocen sus claves y secretos, que se sirven de ella para convertir cualquier cosa, incluyendo las más rutinarias, en algo realmente valioso. En el mundo del cine, Todd Haynes es uno de esos cineastas que nos servirían perfectamente de ejemplo para demostrar esta teoría.

Con una trayectoria marcada por la calma y el riesgo, Haynes ha necesitado tan solo seis películas, la primera de ellas estrenadas en el lejano 1991, para convertirse en un director esencial, un autor perfectamente reconocible en el que la influencia de los grandes clásicos se funde de manera apasionada con relatos llevados al límite. Un conjunto de propuestas que no se cansan de jugar desde el primer instante con el abismo de lo excesivo y los tonos de lo artificial pero que salen siempre airosas, crecidas ante la dificultad, asombrosas en su grandeza. Seis trabajos que conforman una carrera en la que es imposible encontrar un punto realmente bajo.
Por eso, es siempre un placer revisar todas las películas de Haynes, volver a sumergirse de lleno en estas historias y seguir disfrutando, o sufriendo, con sus inolvidables personajes. A continuación, repasamos cada uno de los trabajos del director, ordenándolos de peor a mejor, o mejor dicho, del notable a la matrícula de honor. La trayectoria intachable de un director al que lo único que le echamos en cara es que se prodigue con más frecuencia. Demasiados años entre una y otra, maldita sea.