No es nada sencillo hablar del cine de Michael Haneke. Y es que, analizar la obra de un referente es siempre muy complicado. Maestro en la complejísima tarea de diseccionar al ser humano en su parte más cruda y desnuda, sin artificios ni trampas, con el exceso propio de las personas, ese que intentamos ocultar tras toneladas de supuesto equilibrio emocional, Haneke ha compuesto a lo largo de los años una trayectoria que bien se podría entender como ópera descarnada y apabullante de los fantasmas, absolutamente reales, que pululan a nuestro alrededor.

El miedo que transmiten todas y cada uno de sus películas no responde a golpes de efecto, sustos gratuitos ni vísceras derramadas por el suelo de esas casas donde todos podríamos vivir, esos mundos en los que, de hecho, vivimos. No, el cine de Haneke asusta porque nos enfrenta a nosotros mismos, a lo que nos rodea; sus personajes podrían ser nuestros vecinos, sus historias podrían estar protagonizada por cualquier persona con la que nos cruzamos a diario por las calles de una ciudad, cualquiera, repleta de dramas e impulsos.
Cuando uno entra en una sala a ver uno de sus trabajos sabe, o debería saberlo, que no será la misma persona al salir, que saldrá del cine con escenas, palabras, silencios y miradas clavadas como puñales en lugares tan distintos como la mente y el corazón, las entrañas y el alma. A continuación, repasamos toda la filmografía de un director que, incluso en sus momentos menos inspirados, consigue dejar huella. Dolorosa e hipnótica huella.