Mostrar todos los secretos de golpe, iluminar cada rincón de las ambiciones que rodean una película o marcar el camino de una historia con señales luminosas son errores cinematográficos de unas dimensiones incalculables. Un conjunto de fallos que, en algunos casos especialmente críticos, se producen directamente desde el mismísimo poster de la película, carteles promocionales tan ensimismados consigo mismos que se les olvida su función principal, ser una primera pista con ecos mínimos de lo que se nos va a mostrar en pantalla.
En este terreno, existe un tipo de cine, o, mejor dicho, un tipo de película que (casi) siempre sabe jugar sus cartas por encima de la media. Se trata de las historias con algún componente sexual, erótico o sensual marcado, que puede funcionar como complemento esencial para la trama o eje central de la misma. En estos casos, insisto, en la mayoría más agradecida de las ocasiones, los carteles destinados a promocionar la propuesta saben atrapar al espectador desde unos mínimos arrebatadores.

A continuación, repasamos diez de estos posters, algunos de los más representativos de los últimos años, comprobando como, efectivamente, siempre es mejor jugar a favor de la intuición que del exhibicionismo más gratuito. Carteles que dicen prácticamente todo sin decir nada. Mérito doble.