Las junglas, desiertos y montañas escarpadas nunca fueron suficientes para la aventura del ser humano, quien siempre imaginó poder llegar a los estelados cielos de la noche y surcarlos en busca de lo imposible. Si bien en algún momento se soñó, la ficción dio paso a la realidad cuando, en 1969, los Estados Unidos puso a su primer astronauta con un pie en la luna, desencadenando una hazaña que, por cierto, costó millones y millones de dólares.
Mientras, la gente moría de pobreza extrema en las calles y las luchas raciales se sucedían sin respuesta gubernamental -'Summer of Soul' es una preciosa pieza que retrata aquella época-, pero esa es otra historia… ¿o no?. Precisamente, la tensión entre progreso y colapso siempre ha existido en estas narrativas como paralelismo social de cada época, elevado al cubo como metáfora (o premonición) en las historias espaciales.
Si por algo ha destacado la ciencia ficción y el imaginario espacial, es que ni siquiera los límites de la imaginación logran contener sus reflexiones. Mundos donde las diferencias de clases son extremas, las inteligencias artificiales no distinguen entre carne humana y sintética, o donde la soledad del infinito hace cuestionar el sentido mismo de la existencia, son recordatorios de que viajar más allá de la Tierra no significa necesariamente escapar de nuestros problemas.
Pero no hace falta salir de los confines terrícolas: la propia esfera donde vivimos se ha transformado en muchas ocasiones para reflejar que el avance tecnológico, bajo un sistema que oprime a las clases, no será un progreso humano sino la amenaza de su propia muerte. 'Metropolis' avisaba de la zombificación de la tecnología, 'Blade Runner' lo elevaba al plano filosófico y '2001: Una odisea del espacio' lo llevaba a los confines de la existencia, confrontando al espectador con la infinitud y el misterio de lo desconocido.
Por ello, celebrando el estreno de 'Proyecto Salvación', una cinta que promete ser otro clásico del espacio de la mano de Phil Lord y Christopher Miller, compartimos las diez mejores películas espaciales de la última década (2016-2026), aquellas que nos llevan tanto a la aventura hacia los confines infinitos como a la reflexión de cómo el espacio y la tecnología influyen en nuestra vida en la Tierra. Historias de descubrimiento, de peligro, de soledad, pero también de humanidad, resiliencia y, por qué no, de esperanza:
Las mejores películas espaciales de la última década (2016-2026)
'La llegada' - Denis Villeneuve
El lenguaje no es la traducción literal de unos símbolos a otros, es el puente entre el individuo y lo colectivo, como nuestras reflexiones se relacionan con el contexto donde nacen y se embarcan al otro en búsqueda de una conexión. Por ello, conocer un lenguaje es, de alguna forma, aprender a conocer. Sobre esto se construye la película de Villeneuve quien, diseñando espacios casi vaciados dentro de una nave alienígena, pone a Amy Adams en la tarea imposible de abrir la mente lo suficiente como para comprenderlos.
En una carrera a contrarreloj para evitar que los humanos excedan de nuevo en aquello que mejor se les da: matar a los alienígenas ante la "amenaza" que suponen, Villeneuve contrapone la narrativa principal con un inicio y final que funcionan como estructura circular, haciendo colapsar los tiempos y entendiendo la existencia humana y el amor como algo que merece la pena ser vivido, a pesar de saber el dolor y sufrimiento que ello conlleva.
'Rogue One' - Gareth Edwards
'Star Wars' ha demostrado ser una de las franquicias con más personalidad en la última década, produciendo proyectos como la denostada (por los fans) 'El último jedi' y series como el magnífico western 'The Mandalorian' y el punzante thriller político 'Andor'. En 'Rogue One', una sección de la resistencia se embarca en una aventura que deriva en tragedia para robar unos planos que permitan destruir la Estrella de la Muerte.
La película se compone de personajes marginales (los que mejor han funcionado después de la trilogía original) en una misión suicida donde, sin la necesidad de hacer las secuencias más espectaculares jamás vistas, se preocupan por hacer que toda la acción espacial tenga un peso y consecuencias dramáticas para sus personajes, los cuales se levantan una y otra vez por un bien mayor que el personal.
'High Life' - Claire Denis
En el vacío donde la vida debería suspenderse, 'High Life' convierte el espacio en un vertedero moral. Claire Denis filma la deriva no como aventura como si la ciencia ficción se hubiera podrido desde dentro y ya solo quedara el residuo físico de lo humano. Entre cajas de placer mecánico, jardines que imitan una Tierra perdida y cuerpos sedados que ya no distinguen voluntad de impulso, el filme levanta un ecosistema cerrado donde la supervivencia se vuelve una forma de castigo.
El hieratismo de Robert Pattinson sostiene el núcleo de esa descomposición: un rostro que resiste, que cuida, que se aferra a una hija nacida del abuso como si en ese gesto pudiera aún articularse algo parecido a la redención. Alrededor, la presencia espectral de Juliette Binoche encarna un deseo sin ética, casi mitológico, que empuja la narración hacia un territorio donde lo humano ya no se define, sino que se somete a prueba.
'Aniara' - Hugo Lilja, Pella Kågerman
La huida de una Tierra devastada por el colapso climático se transforma en una condena silenciosa cuando una nave rumbo a Marte pierde su trayectoria y queda flotando sin destino en la inmensidad del espacio. Lo que debía ser un viaje breve se convierte en una existencia suspendida, donde los pasajeros se aferran a recuerdos artificiales de un mundo ya desaparecido. La tecnología, pensada como consuelo, acaba revelándose insuficiente ante el peso de la nostalgia y la certeza de que no hay regreso posible.
Con el paso de los años, la nave deja de ser un medio de salvación para convertirse en un espacio de deterioro humano, donde la esperanza se diluye y surgen nuevas formas de evasión, creencias y desesperación. La vida a bordo se descompone lentamente, sin grandes estallidos, sino a través de un desgaste constante que vacía de sentido cualquier intento de seguir adelante. Mientras tanto, el viaje continúa, indiferente, arrastrando consigo los restos de una humanidad que ya no sabe muy bien qué significa existir.
'Blade Runner 2046' - Denis Villeneuve
¿Qué nos hace humanos, creer que lo somos o serlo? Con la imposible tarea de enfrentarse a una secuela del tótem de la ciencia ficción de Ridley Scott -que ya adaptó de forma imposible el relato de Kadick-, la cinta de Villeneuve plasma en imágenes colosales la deriva del ser humano en el planeta y la incongruencia de definir nuestra existencia mientras la erradicamos. Entre historias de amor con hologramas y reencuentros con el pasado a puñetazo limpio mientras Elvis "glitchea" en Las Vegas, se alza un mastodonte que trae el espacio (o la imaginería del mismo) a la Tierra.
El brutalismo de sus planos aplasta la soledad absoluta a la que se ve abocado el personaje de Ryan Gosling, uno de los actores que mejor sabe aguantar el rostro en el plano, cuya pregunta existencial (maravillosamente plantada en un caballo tallado en madera) atormenta su mente. Al final, en un acto de amor y tristeza sin precedentes, decide rendirse mientras la nieve cae sobre su rostro y dejar que sea otra la que goce de la respuesta de su tan ansiado y tortuoso recuerdo -implantado-: ¿Qué nos hace humanos, creer que lo somos o serlo?.
'Ad Astra' - James Gray
Las aventuras, ya sean espaciales, en la jungla, desierto o por los templos mayas, siempre han significado un viaje interno más que uno externo, probando que la experiencia moldea a la perosna. No es el mismo el que se fue que el que regresa: "Ad astra per aspera" ("A través de las dificultades, hasta las estrellas") es una frase nacida del contexto estoico -no la capitalización tecno-bro del conecpto, sino la romana- y es la máxima que atraviesa el protagonista de esta odisea espacial.
Con secuencias de dejarte aplastado en el asiento, James Gray elabora mediante sonido e imagen planos de tanta belleza como peligrosidad dividiendo el relato en set-pieces (caída, luna, monos), pero dejando que sean los interludios de la acción los que verdaderamente marquen el viaje íntimo, reflexivo y lleno de dolor en uno de los papeles más contenidos de Brad Pitt.
'Dune' - Denis Villeneuve
Villeneuve se constata como el autor de ciencia ficción hollywoodiense con mayor capacidad para elaborar imágenes aplastantes en 'Dune'. El desierto de Arrakis se funde con la tragedia shakespeariana en un clásico viaje del héroe mientras los parajes, sonidos, naves espaciales y matanzas se suceden en el plano con el mismo rigor que el libro de Frank Herbert en una adaptación incontestable.
Es por eso que su director, con la inestimable ayuda de Hans Zimmer, elabora con extrema claridad el juego de tronos del espacio exterior y la matanza que dichas decisiones conllevan, todo ello envuelto en premoniciones, ritos religiosos y gusanos gigantes que surgen de las vibrantes arenas del desierto con una épica que se contagia en los actores, conscientes de ser partícipes -en especial Chalamet- de algo enorme.
'Guardianes de la galaxia Vol. 3' - James Gunn
En este 'Vol. 3', el casete de James Gunn vuelve a la estructura de aventura encadenada: un rescate que lleva al grupo de un planeta a otro, entre criaturas extrañas, persecuciones y situaciones cada vez más caóticas. La película mantiene ese tono ligero y juguetón de la saga, apoyado en la dinámica entre personajes y en el humor constante, con Chris Pratt funcionando otra vez como eje del grupo. Todo avanza con ritmo, como una misión que siempre está a punto de descontrolarse.
Al mismo tiempo, la historia introduce el pasado de Rocket sin romper esa inercia, integrándolo dentro del propio viaje. El conflicto con el villano y los flashbacks añaden algo más de peso emocional, pero sin dejar de lado el espíritu de entretenimiento. Gunn equilibra ambos lados sin cambiar demasiado el tono: sigue siendo una película de aventura espacial, solo que esta vez con un cierre más claro, emocional y familiar para los personajes.
'Mickey 17' - Bong Joon-ho
Desde 'Memories of Murder', thriller de asesino en serie, Bong Joon-ho siempre ha visto el conflicto de clases como el origen del comportamiento de sus personajes, haciéndose más evidente si cabe en sus lúdicos juegos de desplazamientos en 'Snowpiercer' con alante (ricos) y atrás (pobres) o 'Parásitos' con arriba (los ricos) y abajo (los pobres). En 'Mickey 17' establece una crítica a la colonización y las ansias violentas y de dominio de las clases altas.
La principal baza de la película es el despiadado humor siempre presente en las cintas del director surcoreano, que usa como rienda ante la locura descarrilada a la que se enfrentan sus protagonistas. El personaje de Pattinson, bueno, los personajes de Pattinson, son solo un engranaje más en la máquina de 'Tiempos Modernos' de pobres desechos mandados al espacio como carne de cañón. Aunque a veces -por desgracia ocurre más en la ficción que en la realidad- la carne de tanto estar cerca del cañón aprende a disparar a su amo.
'Lo que le falta a esta estrella' - Han Ji-won
'Lo que le falta a esta estrella' convierte la vastedad del cosmos en un espejo del anhelo. La distancia a Marte refleja la distancia de la memoria y del amor perdido, y cada escena parece suspendida entre la espera y la posibilidad. Nan-young camina entre paneles de control y calles de Seúl proyectadas en el futuro, entre luces de neón y hologramas, como si la ciudad fuera un planeta propio donde el corazón late al ritmo de la ciencia y la emoción.
El gesto de Kim Tae-ri sostiene el eje de esa búsqueda: una presencia que se aferra, que duda, que ama desde la soledad del espacio. Jay aparece como contrapunto, músico que repara equipos antiguos. A su alrededor, los planetas, las luces y la música crean un paisaje donde la aventura y la fragilidad se entrelazan, y donde la distancia entre los cuerpos y los afectos se convierte en territorio narrativo: un universo donde perder y encontrar amor y memoria son la verdadera odisea.