El principal problema de la, por otro lado, notable 'Melinda y Melinda' es el de partir de una idea tan genial que cuesta mantener en permanente estado de lucimiento durante 100 minutos. Porque lo que plantea aquí Woody Allen es poner sobra la mesa cinematográfica las dos caras de una misma moneda, la comedia y el drama, la carcajada y la lágrima, el divertimento y la tristeza.

Un ejercicio narrativo realmente complejo en el que Allen demuestra por enésima vez su inimitable capacidad para convertir cada detalle en algo similar a un hallazgo, cada personaje en un pequeño gran pedazo de vida con el que identificarnos al máximo y cada diálogo en una fuente de conceptos inolvidables. Es un cineasta único haciendo lo que mejor saber hacer, ni más ni (muchísimo) menos.

Liderada por una excepcional Radha Mitchell, 'Melinda y Melinda' son dos películas en una, paralelas y complementarias, necesarias en las mismas dosis para entender su objetivo y metodología narrativa. Una propuesta repleta de talento que, sin embargo, se pierde ligeramente en un tramo central algo reiterativo. Un mal menor dentro de otra (gran) película 'desconocida' del sello Allen.